Quienes utilizan con frecuencia esta expresión son, curiosamente, los mismos que cada tanto dicen que están haciendo esfuerzos por acercarse a los ciudadanos, y los que sostienen que una forma de conseguirlo y de luchar contra la indiferencia cívica consiste en apostar por la simplificación del lenguaje.
Cualquiera sea su significado preciso (si es que lo tiene), no se puede ocultar el hecho de que la expresión -fuera del ámbito académico- es rebuscada y en cierto modo pedante. Su empleo en las ciencias sociales no autoriza ni justifica, pues, su desembarco acrítico en la política.
Si el gobierno provincial de Salta necesita emplear una expresión tan vacía y tan poco aceptada a nivel mundial como esta, es porque anda falto de ideas, o quizá porque necesita tapar con palabras el hueco que dejan las decisiones no adoptadas y las metas jamás alcanzadas; o bien porque -como decía Peter Medawar- intenta alguna canallada.
Los campeones del lenguaje comprensible se han enredado así en su propia trampa. Contagiados por una práctica muy frecuente en el ámbito de la comunicación (de la que tampoco son ajenos los profesores, los filósofos y los economistas), algunos políticos locales parecen abrasados en una pira de pasión desbordada por el uso de palabras rebuscadas, extensas o de difícil pronunciación.
Lo hacen casi siempre para expresar lo más simple, en lo que -según afirman los expertos- supone un ejercicio que desnivela la comprensión del mensaje entre los distintos públicos.
En la mayoría de los casos, no son palabras escogidas al azar, sino términos cuidadosamente seleccionados para llamar la atención hasta de los más indiferentes, aun cuando estos no lleguen a entender las complicaciones léxicas construidas a la medida de cada uno de los grupos receptores.
El sesquipedalismo en la lengua española
El Diccionario de la Lengua Española relaciona el adjetivo sesquipedálico con un verso, un discurso o modo de expresión que es muy largo y ampuloso.Es precisamente el sesquipedalismo el que engendra los llamados archisílabos, que han sido definidos por el profesor español Aurelio Arteta como palabras artificialmente alargadas para que suenen más importantes.
Arteta sostiene que los archisílabos se forman normalmente con la adición de un sufijo carente de valor real, como -logía, -idad o -alidad.
Escribe Vivian Jiménez que eso no le importa a quien quiere lucirse con este tipo de palabras, tampoco es relevante que el discurso no concuerde con su estilo, ni con su especialidad ni su destreza lexical habitual. El asunto -dice Jiménez- es que impresione, que lo entienda quien convenga que entienda y confunda a quien convenga que confunda pero que, en todo caso, sea una pieza considerada “brillante”.
Este tipo de discursos, al que claramente pertenece el de los ejes de trazabilidad, forma parte de una estrategia de comunicación que el escritor y periodista Álex Grijelmo, antiguo director de la Agencia EFE, considera como el empleo de palabras frías para temas calientes.