Seguro que no y por varios motivos. El primero porque se trata de un gesto «massista» innecesario para Salta.
El segundo motivo es que el día en que los opositores, férreos o no férreos, se integren en el gobierno, dejarán de ser opositores para pasar a ser parte estructural del oficialismo. A menudo se vuelven más oficialistas que los del propio partido del gobierno. Llamar a los opositores a gobernar es el truco más viejo del manual del pequeño dictador.
El tercer motivo es que la selección de los opositores que se van a convertir en oficialistas no la van a hacer los opositores, sino que la va a hacer el Gobernador, siguiendo su propio criterio. Y esto no solo no es bueno sino que es frontalmente antidemocrático.
El cuarto motivo es que Salta no necesita un gobierno más ancho y más «transversal», sino que necesita una oposición más activa, más programática y más estructurada. Nada de eso se va a poder conseguir si el Gobernador pesca en la charca opositora a los peces más gordos y los «convierte» al oficialismo.
El quinto motivo es que todavía está fresco en la memoria de cientos de miles de salteños las inmorales operaciones de Urtubey con los pequeños partidos que se inventó para que aparentaran ser opositores y jugaran para él en todas las instituciones previstas por la Constitución para controlar a la mayoría. Recuerde que Cristina Fiore, su próxima ministra, ya fue candidata de Cristina Kirchner por un partido opositor; por el mismo partido que Urtubey fagocitó y destruyó, haciéndolo pasar por opositor solo cuando le convenía. Por favor señor Sáenz: no repita este error de principante.
El sexto motivo es que el Gobernador debe aprender de sus errores. Si en estos cuatro años no ha aprendido ninguna lección de su matrimonio con Marocco, es que el señor Sáenz no sabe distinguir entre un aliado leal y un backstabber.
Por estos seis motivos, que se me han ocurrido en solo cinco minutos (es decir que podría haber algunos más) lo mejor que podría recomendarle al gobernador Gustavo Sáenz en este momento es que deje tranquila a la oposición; que se preocupe porque los opositores sean opositores (es decir, que ejerzan como tales y que sirvan a la democracia desde el lugar que les ha asignado el voto del pueblo), antes de pretender sumarlos a su gobierno, y que si busca nuevos ministros, antes que pensar en poner a un opositor de su agrado, por el solo hecho de serlo, se preocupe por buscar a alguien que sea capaz de hacer medianamente bien las cosas, sin preguntarle ni cómo es él ni a qué dedica el tiempo libre.
El opositor critica, controla, discute y aporta soluciones alternativas. El que se suma a un gobierno que no es el suyo deja de hacer todas esas cosas. ¿No le parece, señor Gobernador?