Las mujeres maduras (de 55 para arriba) –y no digamos ya las poco agraciadas o las discapacitadas– han desaparecido completamente de la política de Salta, a pesar de que estas categorías atesoran un importantísimo volumen de inteligencia y de capacidad para descodificar el complicado mundo en el que vivimos.
De entre estas under forty five saldrán las futuras senadoras y diputadas nacionales por Salta. La inteligencia todavía sigue siendo requisito, pero sin dudas es más importante el glamour (y ahora también los «followers», los «likes» y las visualizaciones).
Así las cosas, lo que podríamos llamar (con cierta generosidad) «el proceso de selección democrática» se parece cada vez más a un casting, en el que las mujeres rivalizan más por su apariencia externa que por sus cualidades interiores.
Como bien ha dicho alguien que sabe de estas cosas, «la menopausia no solo pone fin a la capacidad reproductiva sino que también invisibiliza y margina».
Sin desmerecer a ninguna, las siete jóvenes que se han sentado a conversar con el gobernador Sáenz y el ministro Camacho no representan el amplio abanico de la inteligencia femenina y la diversidad ideológica. Las une el hilo invisible del «look», y esto no es bueno ni para Sáenz, ni para Camacho, ni para ninguna de las que se han sentado con ellos, y, sobre todo, malo para el conjunto de las mujeres de Salta.
Procuremos evitar que a nuestras mujeres más capaces, las que ya no están en «la flor de la vida», las que no lucen talle grácil y tobillos finos, las tengamos que ver sobre un escenario solo cuando bailan chacareras en las fiestas de la UNATE.
