Ha dicho Sáenz, en primer lugar, que no está de acuerdo con la idea/propuesta de Javier Milei (candidato más votado en las elecciones del pasado domingo) para que cada provincia «viva con lo que tiene», porque -dice- «es una medida centralista». Pero, ¿realmente lo es?
La idea que tiene Sáenz del federalismo se aleja notablemente de la autonomía prevista en la Constitución y se aproxima a la dependencia total de las provincias del poder central.
Aferrarse a los ingresos coparticipables como única expresión del federalismo, significa dos cosas: 1) la resignación de la autonomía provincial, y 2) el estímulo a la irresponsabilidad fiscal de las provincias y el crecimiento incontrolado del gasto público.
Es decir que cuando se propone que Salta (y las demás provincias) vivan «con lo que tienen», se debe necesariamente incluir a la coparticipación federal, que nos pertenece por derecho propio y no es ningún regalo.
'Mendicante'
Para Sáenz, el federalismo consiste en que «Buenos Aires haga obras en Salta». Dice que le llamaron «mendicante» por llegar a Buenos Aires a pedir obras para la Provincia.Es decir que, para Gustavo Sáenz, el federalismo consiste en pedir que nos hagan favores y que Buenos Aires cumpla con nuestros deseos, como el genio de una lámpara frotada. Su dimensión de político «federal» parece agotarse en su capacidad «conseguidora», que es precisamente la que nos asegura que dependeremos eternamente de otros territorios para vivir. El federalismo consiste exactamente en lo contrario.
Según el Gobernador de Salta, a él no le importó: «Si tengo que mendigar para que los salteños vivan mejor, no tengo ningún problema», ha dicho. Por eso es que cada vez que Sáenz vuela a Buenos Aires, los salteños esperan que -como buen Tata Miguel- vuelva al terruño con las alforjas llenas (de obras, de préstamos, de auxilios, de ambulancias y de motos regaladas).
Sáenz practica, pues, un federalismo de caridad institucional y no un federalismo de responsabilidad. Es realmente paradojal que el país pida dinero al Fondo Monetario Internacional y luego se queje cuando este impone condiciones, señala las reformas económicas que hay que practicar, o simplemente pide que le devuelvan; pero no decimos nada cuando Sáenz pide, pide y pide al gobierno nacional y a sus agencias periféricas, como si estos no tuvieran la capacidad ni la fuerza de imponernos a los salteños nada. Los favores políticos siempre terminan pagándose; y generalmente a un precio demasiado alto.
Pero lo que Sáenz -el gobernador pedigüeño- no recuerda es que quien un día lo acusó de «mendigar» fue el exgobernador Juan Manuel Urtubey, a quien Sáenz no contradijo en ningún momento y del que recogió casi el 90% de sus seguidores, confirmándolos en los cargos públicos que ocupaban o inventándose nuevos para los urtubeystas amenazados por el desempleo y el olvido.
Entre los que Sáenz recogió de las cenizas humeantes del urtbeysmo en retirada figura el exministro de Gobierno, Juan Pablo Rodríguez (hoy principal ingeniero electoral del saencismo), que fue quien le sugirió a Urtubey que colgara del cuello del entonces intendente Sáenz, para humillarlo, el cartel de «mendicante».
