Si ya es inconveniente y desaconsejable que el gobierno «homenajee» a los periodistas en su día (otros años se organizaban sorteos y los mandamases concedían distinciones a los periodistas más dóciles), mucho peor, para la dignidad de la profesión periodística, es que el gobierno arrebate a los profesionales la «oficialidad» de la celebración, como si la información libre fuera un asunto de gobierno más.
Solo de este modo, procurando que cada uno ocupe el lugar que le corresponde, sin actos «oficiales» organizados por los gobiernos, sin «homenajes» que solo reciben los que son más condescendientes con el poder, se podrá garantizar que los ciudadanos tengan un conocimiento realista de su gobierno y de las políticas que lleva a cabo.
Los periodistas no deben estar sujetos a presiones para informar de una forma concreta o para eludir cierta información con objeto de no retratar de forma negativa al gobierno u otras entidades de poder. El periodismo independiente -ese que permite que los ciudadanos reciban las noticias sin maquillaje y les ayuda a formarse una opinión sobre cuestiones importantes- sufre cuando el gobierno halaga a quienes lo practican, les rinde homenajes, les hace regalos o les festeja su día. Todo esto es incompatible, tanto con un gobierno veraz y transparente como con una profesión periodística digna y creíble.
Un debate público libre y bien informado constituye la columna vertebral de la democracia. Es justamente el periodismo independiente -el que se halla prudente alejado del gobierno y del poder, y convenienemente distinguido de ellos- es el que nos permite intercambiar ideas libremente y debatir sobre asuntos y puntos de vista alternativos para que tengamos la información que necesitamos para tomar buenas decisiones.



