El primero es el de antigua usina, ubicado en la esquina de las calles España y Juramento.
Con la Palúdica sucede algo parecido, con la diferencia de que se trata de un proyecto en ciernes. Tanto, que por el momento lo que en algún momento puede que se llegue a llamarse «Museo del Folklore» se denomina simplemente «ex Palúdica».
Pero ¿qué problema habría en llamar a este edificio «Palúdica Cultural», como se ha hecho con la «Usina»?
En realidad, el nombre de «Palúdica» nunca fue el oficial del lugar. Es un nombre que el pueblo de Salta le ha dado, en atención a las actividades sanitarias que se realizaban en el lugar.
Hay quien quiere borrar de la memoria de Salta al paludismo; pero ocurre que aquel viejo edificio del Paseo Güemes, con sus jardines y sus palmeras, convertido por desidia en criadero de mosquitos, guarda memoria, no tanto de la enfermedad del paludismo, sino de la decidida voluntad de cierta clase política, argentina y salteña, de crear un centro científico de alto nivel para combatir la enfermedad, algo de lo cual deberíamos enorgullecernos.
Convertir a un viejo edificio dedicado a una patología endémica felizmente superada (aunque nadie sabe si con estos aires que corren no va a volver) es un triunfo la civilización. Y el edificio es un símbolo de esta gran victoria.
Quitarle el nombre de Palúdica equivaldría a amputar, dolorosamente, una parte sustancial de nuestra memoria histórica.