La periodista salteña Mónica Abilés ha sentado en su mesa de los Días de Miércoles al hijo mayor del que fuera Gobernador de Salta entre 2007 y 2019. Lamentablemente, nadie de la producción le avisó al invitado que tenía la camisa mal abotonada y que durante toda la entrevista mantuvo el segundo botón primorosamente prendido en el tercer ojal.
Tanto caló el discurso jubilatorio y gerontofóbico del bisoño Gobernador provincial, que quince años después de la conquista de los cielos, su sucesor, en lugar de ser mucho más joven, tiene la misma edad que él: 53 años.
Probablemente, el entrevistado -afectado por una pasajera amnesia, quizá por el calor o por la luz de los focos de la televisión- se olvidó también de las épocas del gobierno de su padre en las que el hijo solía aparecer en la web oficial como «gestor» de una camilla para partos destinada al hospital de Morillo, que no pagó él sino el Banco de Galicia. Tampoco se acordó de aquellos actos policiales en los que vestido de saco y corbata acompañaba a su padre como su fiel escudero. Evidentemente, en Salta hay mucha «gente nueva» que forma parte estructural del pasado, con independencia de su edad.
Pero en donde Marcos Urtubey estuvo en realidad brillante fue en el capítulo de padrinazgo/madrinazgo político, ya que el expiloto de carreras y autopercibido «entrepreneur» se esmeró en dejar claro ante la calificada audiencia de Abilés que él no está enrolado en las chisporroteantes y mediáticas filas del «macedismo» sino en las más discretas y recatadas del «ximenismo», un movimiento político que se inició en la lejana localidad vallista de Payogasta y que allí mismo murió, pues de su fundadora no volvió a saberse nada, al menos en lo que a la política se refiere.
Al contrario, y para dejar claro lo que piensan las «familias tradicionales» salteñas sobre el papel de la mujer, el joven Urtubey dijo que mientras su padre abrazó la política con ardor desde temprana edad, su madre -en cambio- se dedicó a la crianza de sus hijos, una actividad noble donde las haya, pero que hoy -seamos francos- no cuadra mucho en el sesgado enfoque de la «perspectiva».
Felizmente, según Marcos, el padre Gobernador dejó en libertad a sus hijos para «pensar como quisieran», algo que la sagaz periodista salteña no pudo pasar por alto. ¿Cómo? ¿A los hijos les permitía pensar como quisieran pero al resto de los salteños no? Algunos han entendido esta aparente contradicción como una «salida del armario» en toda regla.