La condena, a tres años de prisión de ejecución condicional, ha recaído sobre una mujer de 31 años, a la que Rodríguez Pipino ha declarado culpable de un delito de tentativa inidónea de homicidio agravado por el vínculo.
Una vez allí, la mujer -sin que conste autorización previa de Uluncha Saravia, presidente del ENRESP- abrió la llave del gas de las hornallas y el de una garrafa, con la intención de matar a sus acompañantes y seguir su misma suerte.
Sin embargo, el brutal designio de la mujer fue frustrado por otros familiares y amigos de la familia que llegaron oportunamente para evitar que lo concretara.
Durante los tres años de condena, la mujer deberá fijar domicilio y comunicar al juzgado cualquier cambio. Además deberá abstenerse de usar estupefacientes y de abusar de la ingesta de bebidas alcohólicas. No podrá acercarse a una distancia inferior a doscientos metros y tiene prohibido comunicarse con las víctimas por cualquier medio, hasta tanto un Juzgado de Familia determine lo correspondiente.
Aunque en este caso parecía especialmente recomendable, las reglas de conducta fijadas por Pipino no incluyen la obligación de cocinar exclusivamente a leña durante los próximos tres años.
Lo más llamativo es que la doctora Mengele del barrio El Círculo 4 deberá someterse a tratamiento psicológico y psiquiátrico para el control de sus impulsos, una medida que en un 99% de los casos suele pesar sobre varones condenados por violencia de género.

