La testigo clave, que podría haber aclarado todo el suceso, ya no está entre nosotros.
A estas alturas, con tantas fotografías, peritajes y declaraciones de testigos, no se sabe exactamente bien si Bonnie, en caso de estar viva todavía, debería sentarse en el juicio en el banco reservado a los testigos, o si, en cambio, debiera estar en el banquillo de los acusados, junto a los propietarios, ya que algunos consideran que «la can» podría ser enjuiciada como partícipe necesaria.
Lamentablemente, Bonnie ya no podrá revelarnos nada. Las ruedas de una insensible camioneta hicieron que el animalito se llevara a la tumba el secreto procesal más apetecido por los acusadores.
No sabremos jamás a cuántas vecinas miró la perrita con ojos de cachorrito triste y desamparado, ni qué tan a gusto se sentía con la correa naranja marca “Patita”, o si estaba conforme con que sus dueños de vez en cuando la llamaran “Chichita”.
Son todos interrogantes que no podrán responder ni los peritos de perritos.