Hoy se ha conocido la noticia de que el juez de la Nueva Orán, señor Raúl Fernando López, ha impuesto la pena de once meses y veinte días de prisión de efectivo cumplimiento a un hombre de 38 años, solo por intentar robarse unos limones de una finca de la Colonia Santa Rosa.
El parte de prensa de la Corte de Justicia dice que, al ser sorprendido choreando, el hombre sacó un cuchillo e intento darse a la fuga (sabemos que en Orán la fuga es algo que viene en el ADN de las personas).
Sin embargo, la condena solo ha sido por el delito de robo simple en grado de tentativa.
El intento de robo se produjo en una plantación de cítricos ubicada que está en la ruta provincial n.º 14, en jurisdicción de la Colonia Santa Rosa. La crónica judicial dice que el capataz de la explotación, mientras buscaba unas herramientas, vio a un sujeto que tenía un bolso y se encontraba sustrayendo limones.
En lugar de decirle: «Che changuito, dejá esos limones en la planta ya mismo», el capataz, que buscaba una herramienta de metal, encontró una herramienta jurídica y mandó en cana al ladrón de limones.
El rigor integrista del capataz (que vaya a saber qué daño le podían haber hecho dos docenas de limones afanados) fue correspondido con creces por el juez López, quien impuso al ladrón un mes de prisión por cada dos limones distraídos.
Así funciona la ley en Salta: Los grandes delincuentes por la puerta giratoria y los pequeños tras las rejas de paja de la cárcel de Orán, de donde se fuga hasta el más inútil.
