Protestaba por el hecho de que los abogados encabezaran sus escritos mencionando el nombre del juez y la dirección del Juzgado antes del grueso subrayado de las palabras «Su despacho».
Es verdad que algunos jueces -especialmente los menos preparados- acostumbran a castigar a las partes con sentencias y resoluciones ininteligibles, con frases rebuscadas, pletóricas de citas de autoridad sin autoridad ninguna, con escasa coherencia lógica y una calidad lingüística tan pobre que sería lo más llamativo de la sentencia de no ser porque la calidad jurídica -en medio de tanto palabrerío sin sentido- es mucho peor.
Pero, con todas sus deficiencias, las sentencias no adoptaban la forma de una carta. Es decir, no eran un mail back sino algo con apariencia de resolución judicial.
Ahora ha cundido entre los jueces la moda del «lenguaje claro», que convierte a las resoluciones judiciales en piezas epistolares, cargadas de sentimentalismo inútil y redactadas con estilo de folletín.
¿Quién tiene razón?
No se sabe. Tan mal está escribir una sentencia con palabras difíciles y sin sentido, todo para no quedar como un burro frente a las partes, como descender a los zócalos del idioma y dirigir cartitas a los justiciables, como si estos fuesen idiotas o -peor aún- como si sus abogados lo fueran.
Alguien en Salta ha entendido muy mal esto del «lenguaje judicial claro» y ha anulado la utilidad de la claridad expositiva en beneficio del sentimentalismo barato.
“Primeramente quiero agradecerte, en nombre de este Tribunal, que hayas venido aquí, a la Ciudad Judicial, y permitido conversar con vos. Fue muy bueno conocerte y poder escucharte, y estoy convencida de que eso nos sirvió para comprender mejor tu situación, tus sueños y las ganas que tienes de vivir en una familia, con un papá y una mamá, que te cuiden y protejan; sentirte querida, crecer, poder estudiar, divertirte, y disfrutar de un ambiente familiar sano. También entendí que, a pesar de los momentos difíciles que has vivido, vos querés mucho a tu mamá (Sra. P.) pero que, por ahora, preferís no verla ni estar en contacto con ella; que comprendés que no puede cuidarte ni brindarte esa vida en familia que tanto deseas, y por eso querés que te adopten. Respecto de ese tema, también nos dijiste que sí entendés lo que eso significa (la adopción), y que estás dispuesta para que eso suceda lo más pronto posible; incluso nos llegaste a contar que te has informado sobre todo lo que significa “legalmente” este proceso, y que a partir de esa experiencia, tenés muchas ganas de estudiar y recibirte de Abogada, lo que me parece una excelente idea de tu parte”.
“Por último, quiero decirte que entendí que ha pasado demasiado tiempo desde que ingresaste al Hogar (R. E.) y que ya no querés estar ahí, porque esa situación no te hace “feliz”; que estas ansiosa por poder conocer y formar parte de una familia, y que eso pase pronto, “rápido”, porque pensás que con tus quince (15) años, va a ser más difícil que quieran adoptarte. Pero te digo que no tenés que preocuparte por eso, y que mantengas la esperanza y el entusiasmo que pudimos ver en vos.
“Así que, por todo lo que pudimos escuchar de vos, de la Dra. Macarena Saravia Zenteno (Tutora Oficial), de tu Abogada, Dra. Marta Aguilar, y lo que vimos en todos esos “papeles” que están en el expediente del Juzgado, es que quiero contarte que los Jueces de este Tribunal estamos de acuerdo con lo que ya te dijo la Jueza, Dra. Inés Villa Nougués (a quien ya conocés, porque fuiste a otras audiencias), y queremos que pronto tengas la familia que tanto soñás y que puedas sentirte “feliz”. Por ese motivo es que estoy proponiendo que los Jueces del Tribunal confirmemos tu declaración de adoptabilidad. Un gusto conocerte S.”.
Lenguaje claro con Chirete
Supongamos que el Tribunal de Juicio emita la siguiente sentencia:«Estimado Chirete: Espero que no haga tanto calor en Tartagal y que hayas empezado bien el nuevo año. Quiero decirte en primer lugar que nos ha dado un auténtico disgusto conocerte, aunque agradecemos que te hayas tomado la molestia de venir esposado a la Ciudad Judicial, en donde sabes que eres siempre bienvenido para las audiencias de imputación y otros actos procesales de igual o parecida trascendencia».
«Entendí, después de ver tus 'papeles', que no sos feliz en la cárcel de Tartagal y que no querés volver allí. Permitime que te diga que estoy proponiendo a los señores jueces del tribunal que te pongan en un barco a Siberia, porque a decir verdad, no queremos verte más por aquí».
«Perdóname que sea tan sincera, pero es que después de lo que has hecho, amigo, no hay cárcel en la que puedas estar a gusto. Sabés que los otros presos son muchachos macanudos, pero un poco quisquillosos, y es por eso que andan buscando cualquier ocasión para hacerte albóndiga a patadas».
«Estos son los motivos que justifican que hoy le digamos "no" a tus abogados defensores y no accedamos a tu traslado al penal de Villa Las Rosas. Espero que sepas comprenderlo y que lo hables con tu papá y con tu mamá, que tanto te quieren».
«Afectuosamente, la Sala XII del Tribunal de Juicio».



