En realidad, por el tono utilizado por la magistrada, más que de una «intimación» (pues no va acompañada de un «apercibimiento», al menos según la noticia oficial de la Corte de Justicia), se trata de un «consejo». Y ya se sabe: Una jueza que da consejos a las partes, más que jueza es una amiga.
Lo cual, por supuesto, está muy bien.
Pero ¿qué ocurre cuando son los jueces los que sustituyen su «creación intelectual» y construyen sus sentencias con un descarado copy and paste?
No hablemos ya del uso —bastante generalizado, por cierto— de la IA para la redacción de las sentencias. Hablemos de los párrafos enteros de resoluciones que dicen, por ejemplo: «Como dice Clariá Olmedo», «como dice Soler», «como dice Mosset Iturraspe», «como dice Llambías», «como dice el maestro Krotoschin» o «como dice Gordillo»... seguido de folios y folios de razonamientos de estos autores y no del juez que firma la sentencia.
Muchos jueces suelen llenar páginas y páginas solo con citas de autoridad. Poquísima jurisprudencia pero muy abundante doctrina.
Cabe preguntarse entonces, no solo si las sentencias de este tipo deben ser tenidas por «creación intelectual» (que es evidente que no), sino también si las sentencias huérfanas de razonamientos propios del sentenciante (aunque no sean originales) supone que las mismas sentencias han sido sometidas a un «adecuado control jurídico riguroso». ¿Quién controla el rigor jurídico en estos casos? ¿La Corte de Justicia o el profesor Ferrajoli?
Tal vez no sea el caso de la jueza Rahmer, pero el tono y las palabras que la magistrada utiliza para formular su «intimación», no parecen que sean «creaciones intelectuales» suyas propias y suenan —respetuosamente— a argumentos copiados de otro sitio.
Aun el uso desviado y perverso de la Inteligencia Artificial en los escritos judiciales debería estar fuera de la acción de los jueces y reservados al tribunal o comité de ética del Colegio de Abogados. Los jueces no tienen por qué molestarse si un abogado comete «errores conceptuales» en sus escritos y, menos todavía, si se equivoca con la normativa que cita en apoyo de sus pretensiones, puesto que el principio iura novit curia le obliga al juez a aplicar la ley correcta al caso, incluso si las partes la han invocado incorrectamente o no la mencionan en absoluto. El derecho no es objeto de prueba como los hechos.
Si un juez llega a pensar que el uso inadecuado de la IA en un escrito de parte pone en peligro la resolución de un asunto, es porque implícitamente está admitiendo que carece de los conocimientos necesarios para evitar ser engañado. Con decirle al abogado algo así como «nice try» o «usted a mí no me engaña» es más que suficiente.
Ahora que si los abogados tienen que mandar a destituir a todos los jueces que utilizan la IA o abusan de las citas doctrinarias de autoridad (incluso invocan jurisprudencia inaplicable o inconducente), terminaríamos todos presos y no habría justicia para nadie.

