Según el pormenorizado relato el habitual portavoz de prensa del Poder Judicial salteño, en la madrugada del 9 de enero pasado, el condenado volvió a su casa, en la ciudad de General Güemes en estado de ebriedad y con un vaso de vino en su mano. Le pidió a su pareja de buena manera que le abra la puerta, por lo que ella lo hizo. Al fin y al cabo, era su casa.
El hombre dijo entonces que la relación «ya no daba para más» y prometió retirarse del domicilio para irse a vivir a la ciudad de Salta. La mujer, con la misma amabilidad con que le abrió la puerta del hogar a punto de deshacerse, aceptó la propuesta de separarse y le dijo al hombre que sacara plata de su billetera (de ella), una cantidad precisada en 7.700$.
El hombre le pidió entonces a la víctima que lo llevara hasta la terminal de ómnibus, pero mientras ella sacaba la moto, el hombre volvió a la carga y comenzó a hacerle una escena de celos con una persona que pasaba por la calle. Todo ello antes de lanzarse sobre la moto y clavarle un cuchillo en las ruedas.
Cuando llegó la Policía, los oficiales se ofrecieron -también amablemente- a trasladar a la mujer a la comisaría para formalizar la denuncia, pero en el camino vio al condenado caminando, por lo que la mujer dijo «ese es» y los azules procedieron inmediatamente a detenerlo.
A pesar de la escasa cuantía de la pena, el hombre ingresará efectivamente en la cárcel de Villa Las Rosas, ya que tiene antecedentes condenatorios.
