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  • Paradojas de la lengua
  • Solo cuando a don Pedro García Castiella se le ocurrió crear una Unidad Fiscal de Flagrancia —uno de sus últimos inventos institucionales— me puse a pensar en la contradicción lingüística que existe entre la expresión in fraganti y la flagrancia, pues es más que obvio que, aunque su significado es parecido, sus raíces son diferentes.
Fiscal Carolina Mateo Bellini
Fiscal Carolina Mateo Bellini

Rebuscando un poco en los vericuetos digitales, descubro que in fraganti es una corrupción del latín medieval in flagrante ‌dēlīcto‌ contaminado con el vocablo fragante, que quiere decir «notorio».



El verbo castellano flagrar viene del latín flagrāre y significa arder o resplandecer como fuego o llama». Los salteños dirían «foco ígneo» en vez de fuego, pero sobre eso no vamos a abundar. Nosotros preferimos no emplear la jerga bomberil.

A su vez, el adjetivo fragante tiene en nuestra lengua dos significados enteramente diferentes: Uno, «que tiene o despide fragancia», y dos, «que arde o resplandece». Los dos significados también corresponden al mucho menos conocido adjetivo fragrante (que tiene una 'r' más).

Así las cosas, y teniendo en cuenta que García Castiella ha puesto al frente de la Unidad, a una señora fiscal muy seria y elegante, se podría decir que la nueva Fiscalía es doblemente fragante, ya que por un lado arde o resplandece como los mejores focos ígneos en el combate inmediato y cuerpo a cuerpo contra el delito más actual (el más «ardiente»), y, por el otro, despide una suave fragancia judicial, no delictual en este caso.

Quizá el próximo paso del Procurador General sea crear la Unidad de Fragancia, integrada no por seres humanos, sino por perros olfateadores debidamente entrenados. Son estos animalitos los mejores preparados para distinguir las fragancias de la flagrancia.



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