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  • Las ratas abandonan el barco
  • No soy tan bueno haciendo pronósticos sobre política internacional como sí lo soy para recordar canciones viejas.
Donald Trump
Donald Trump

Y con este asunto de la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, la todavía más reciente «rectificación» de Giorgia Meloni y el posterior ataque verbal de Donald Trump a su aliada peninsular, me lo imagino al presidente norteamericano cantando esa vieja canción de Gilbert O'Sullivan, que se llama Alone Again (Naturally) (1971).


Si a este cuadro le sumamos la negativa de Emmanuel Macron y Keir Starmer de enviar buques al Estrecho de Ormuz para respaldar las operaciones navales de Trump, la calculada frialdad del Canciller alemán Friedrich Merz, y las conocidas posturas de la India, China, Rusia, España (sí, España), el club de fans de Trump parece haberse reducido a cuatro: el Secretario de Estado Marco Rubio, el Vicepresidente J.D. Vance (ambos excontendientes de Trump en el Partido Republicano), Benjamin Netanyahu y, por supuesto, Javier Milei.

Es imposible no reparar en el abandono de la línea trumpista de muchos MAGA originales en los propios Estados Unidos, lo que ha sucedido cuando se han dado cuenta de que el país que luce orgulloso en el puerto de Nueva York la impresionante Estatua de la Libertad está a punto de convertirse en un paria del Derecho Internacional y en un peligroso enemigo de la libertad, sin contar con que a los americanos más enamorados de su nación le está costando más, como a muchos, llenar el tanque de sus vehículos.

Ni qué decir de su encontronazo con su paisano León XIV, de quien ha dicho: «Está ahí por mí» (que es una forma de decir «muerde la mano que le dio de comer»)

Lo curioso es que las primeras estrofas de la canción del irlandés O'Sullivan hablan de los planes suicidas de una persona desvastada porque acaba de ser abandonada en el altar.

Trump pretendía tener compañía en su camino hacia el altar de las vanidades; pero no se sabe bien si después de abandonado será más peligroso que antes o si, ante lo irreversible de la situación dirá, como en la canción: No tiene sentido que nos quedemos; más vale que nos vayamos a casa, tal como hice yo, por mi cuenta. Solo de nuevo, naturalmente.



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