Sin embargo, a la anterior Intendenta Municipal sí que le cantó el payador marzorquero, quien al parecer la convenció de que los puentes que ella había tendido sobre el río Arenales estaban más firmes que el Viaducto de La Polvorilla.
Nadie sabe muy bien si la puentera quería devolverle gentilezas al actual Intendente o si intentaba enviar un mensaje de sintonía fina con los libertarios de Salta, que también critican sin piedad al Intendente y no tienen, por el momento, un candidato o candidata a sucederlo.
Pero la puentera ha presentado sus credenciales. Quiere volver.
Con ella volverán los macetones colorados como oscuras golondrinas; y volverá su cara de cera a adornar las obras inconclusas de la Plaza y la restauración —también inconclusa— de la Palúdica.
También volverán los puentes pegados con moco y los separadores de carriles bici hechos de concreto, para que los ciclistas se dejen la nuca en ellos y los automovilistas el tren delantero.
Todo ello, sin contar con que volverán los bolsos franceses, los perfumes caros y las facturas de los comercios de la rue de Castiglione y la Place Vendôme.
