Antes de la jornada de votación se sabía ya con bastante certeza que el apetecido escaño de senador provincial por el Departamento de la Capital se iba a decidir por unos pocos votos, y esto es lo que ha sucedido.
El partido libertario/opositor (porque recordemos que a estas elecciones concurría también un partido libertario/oficialista) ha vendido el triunfo en el Departamento de la Capital como un triunfo global, pero esto no ha sucedido en absoluto.
De todas formas, es legítimo que celebren los resultados de la Capital, porque si bien la diferencia ha sido mínima, el mérito de los candidatos libertarios/opositores ha sido innegable.
Lo que no parece razonable es que, viendo los resultados globales –que han favorecido ampliamente al partido en el gobierno– los liberales/opositores anuncien que en 2027 de sus filas saldrá el próximo Gobernador de la Provincia. Deseable para ellos, pero poco probable en términos políticos.
Evidentemente, nadie sabe lo que pasará –en Salta y en el país– dentro de dos años y medio. Pero lo que se puede decir ahora, con la información que tenemos en las manos, es que los liberales/opositores no tienen –por el momento– ninguna figura con las cualidades mínimas para convertirse en Gobernador de Salta.
El ascenso libertario/opositor requiere además una condición que es bastante difícil que se produzca: que el Presidente de la Nación mantenga, hacia el final de su periodo de gobierno, iguales o parecidos niveles de popularidad y aprobación.
Si bien son muy pocos los que desean el naufragio insalvable de la política económica, parece claro que la suerte del libertarianismo aparece anudada al futuro de la inflación, del empleo, de las exportaciones y del tipo de cambio, variables todas que dependen más de la coyuntura internacional que de las decisiones que adopte el gobierno argentino.
A los libertarios/opositores salteños les falta, además, salteñismo. Es decir, adolecen de una marcada incapacidad para articular un discurso que conecte con aquella parte del electorado que piensa que las particularidades locales definen nuestra identidad como pueblo. Y ello, a pesar de que tres cuartas partes de su plana mayor destaca por su marcado aldeanismo.
El resultado de las elecciones legislativas en cualquier parte del mundo se mide por la cantidad de escaños que alcanza una fuerza política. Es decir, no cuenta ni la cantidad de los votos obtenidos ni la conquista de uno o más escaños estratégicos. Desde este punto de vista, se puede decir que a las elecciones de ayer las ha ganado el gobierno, por más que haya perdido el escaño de senador por la Capital.
No hay motivos, en consecuencia, para que el gobierno provincial sienta que el electorado le ha dado la espalda. Los resultados de la Capital no se explican por la retracción de los apoyos al gobierno, sino por el apoyo de una parte importante (pero no absolutamente mayoritaria) del electorado urbano a las políticas del Presidente de la Nación. El acierto de los libertarios/opositores salteños ha consistido en conseguir que aquella parte importante les identifique a ellos (y no a sus competidores, los libertarios/saencistas) con la convocante figura del Presidente de la Nación.
En mi opinión, en el Departamento de la Capital ha sido Javier Milei quien ha ganado las elecciones. Es decir, no Alfredo Olmedo, no Carlos Zapata, no María Emilia Orozco, ni Roque Cornejo Avellaneda. Es lógico que cada uno de ellos aliente expectativas desmesuradas para 2027, pero mejor harían, creo yo, en leer los resultados con calma, evitando anunciar triunfos con una antelación de dos años y medio.
A ellos habría que en la democracia devaluada y polarizada que vivimos recordarles que ninguna oposición pura conquista el gobierno por medios pacíficos y democráticos, a menos que se anime a pactar mínimamente con el gobierno actual. Hace rato que la política de Salta no se explica en términos binarios, como en los años 60, 70 e, incluso, 80. En Salta se polariza pactando, aunque sea por debajo de la mesa.
De algún modo, la victoria del presidente Milei en la Capital de Salta es también una victoria de Sáenz, aunque sus aliados libertarios/saencistas se hayan estrellado contra el muro de la realidad. Probablemente no eran los mejores, ni su discurso el más elaborado. Pero este no es un problema de Sáenz sino de los libertarios que han elegido seguirle.
Ha sido Sáenz, sin embargo, el primero tras conocerse los resultados en convocar a un trabajo conjunto entre diferentes; ha recordado que ha sido él uno de los primeros gobernadores en ofrecer su colaboración al actual Presidente de la Nación.
Sáenz convoca, pues, al entendimiento desde una posición de diálogo que no es sobrevenida ni impostada sino que viene teniendo continuidad desde hace varios meses. Los libertarios/opositores no pueden decir lo mismo de sus relaciones con el gobierno provincial, al que han intentado –e intentan– abatir por todos los medios a su alcance.
En 2027 se enfrentarán una vez más en las urnas aquellos que solo enarbolan un proyecto de poder como reclamo electoral y aquellos que creen, por el contrario, que la cooperación entre diferentes es superior al enfrentamiento reduccionista entre facciones.
