Dice el ilustre general que Sáenz ha decidido fundar un partido propio, que ha abandonado el PJ, y que, por este motivo, no puede opinar «desde afuera» sobre las libérrimas decisiones de la presidenta del partido.
Hay una respuesta histórica: Nunca lo han sido.
Pero hay otra que más política que jurídica: Desde que en la Argentina existen las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (las famosas PASO), los asuntos internos de los partidos políticos (de cualquiera de ellos) son competencia de todos los ciudadanos, cualquiera sea su afiliación.
Es que sería absurdo que un ciudadano afiliado al Partido Obrero, o sin afiliación política, pudiera decidir con su voto quiénes serán los candidatos del Partido Justicialista en unas elecciones, y luego que a ese mismo ciudadano se le prohíba opinar sobre las decisiones de la presidenta del Partido Justicialista.
Si Milani ha opinado (negativamente) sobre la decisión de Sáenz de fundar otro partido y de desconocer a la dirección formal del PJ, ¿qué motivos habría para que Sáenz no pueda criticar las decisiones internas del PJ?
La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de intervenir el PJ de Jujuy —una decisión centralista y claramente autoritaria— impacta de lleno en el juego político nacional y provoca tensiones en la relación entre las provincias del Norte argentino y el gobierno nacional, ¿debe el Gobernador de Salta quedarse callado frente a este atropello, simplemente por tratarse de una cuestión «interna» del PJ?
Lo que no le gusta al kirchnerismo es que se critique su forma de resolver los asuntos. No le molestan tanto las críticas de Sáenz como la opinión libre de los ciudadanos.
Y para defender el desparpajo autoritario, el kirchnerismo recurre a los valiosos servicios de un general del Ejército. Es decir de alguien que no fue educado para dialogar sino para obedecer, y, llegado el caso, para mandar.
