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  • La censura se abre camino en el Concejo Deliberante de Salta
  • En una intervención en el recinto de sesiones del Concejo Deliberante que será recordada por mucho tiempo, la concejal Inés Bennassar ha denunciado que dos periodistas de conocidos medios digitales de Salta la han sometido a «violencia textual» [sic].
Inés Bennassar y Paula Medici
Inés Bennassar y Paula Medici

Se queja la concejal de que, finalizada la reunión que los concejales mantuvieron recientemente con las autoridades de HIRPACE, estos periodistas publicaron que la presidenta de la antigua institución salteña dedicada a proteger a las personas afectadas de parálisis cerebral se retiró de la reunión «llorando».


Bennasar ha negado que así ocurriera, pero sin dudas puede haber ocurrido como señalan los periodistas, ya que la presidenta de HIRPACE pudo haber dejado escapar unas lágrimas sin que ningún concejal se diera cuenta.

Todo indica que Bennasar y su compañera de desvaríos, la también concejal Paula Medici acorralaron a la presidenta de HIRPACE con duros cuestionamientos al nombre elegido para una carrera pedestre que se celebra prácticamente desde hace 60 años en Salta.

Así como Bennassar y Medici no están de acuerdo con la simbología del histórico escudo municipal de Salta y en un acto de «violencia heráldica» claman por su sustitución, pretenden imponerle sus particulares criterios revisionistas y su idílica idea del amor universal, no solo a HIRPACE sino ahora también a los medios de comunicación de Salta.

Nadie sabe muy bien en lo que pueda consistir la «violencia textual» denunciada por Bennassar, pero en el ámbito del Ministerio Público Fiscal algunos audaces ya han echado a rodar la idea de crear la UVIOTEXT, para hacerse cargo de estos atentados a la decencia y al sentido común republicanos.

La presidenta Teresa Ovejero parece estar trabajando también en un borrador de «acordada», para crear tres juzgados de «violencia textual» en cada uno de los distritos judiciales, a cuyo frente planea poner a las profesionales que ofrecen chicos en adopción, que –como bien es sabido– son expertas en «dulzura textual».

Así, en un futuro no muy lejano, Bennassar –campeona de la libertad de expresión y enemiga jurada de la censura– podrá aspirar a que el Código Penal argentino recoja como agravantes de los homicidios, las lesiones, las violaciones y las estafas los excesos textuales de los periodistas en la cotidiana comunicación digital, sin que APES (la asociación de periodistas de Salta) ponga el grito en el cielo.

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