El Día Internacional de Concienciación de la Tartamudez, que se conmemora cada 22 de octubre, fue creado en 1998 por la European League of Stuttering Association y busca eliminar la discriminación social hacia la gente que tartamudea y promover oportunidades para que aquellos logren alcanzar sus objetivos y aspiraciones.
Ellas son la expresión visible de la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales que determinan y orientan en el individuo la conformación de un ser, un hacer y un sentir con características propias.
Más de 60 millones de personas en el mundo sufren de tartamudez, un problema que incide seriamente en la vida social de quien lo padece.
La tartamudez es muchas veces ignorada, pero tiene serios efectos en la vida de la persona que la padece, que en muchos casos tiende a aislarse y no busca ayuda. En otros casos, si bien el afectado sí desea recibir ayuda, no sabe a dónde dirigirse.
Comienza entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. Al final, solo uno de cada 20 niños acaba tartamudeando y muchos de ellos superan el trastorno en la adolescencia.
Para muchos con habla no fluida, la comunicación diaria es una lucha constante y el habla no abre puertas, sino que las cierra para su desarrollo profesional, académico, interpersonal y su realización.
Los tartamudos usan mecanismos de defensa en un esfuerzo por vivir lo mejor posible. Muchos pasan sus vidas tratando de esconder su balbuceo.