En su primer tuit Biden también ha dicho que quiere concentrarse únicamente en cumplir sus obligaciones como Presidente en lo que queda de mandato. «A lo largo de la próxima semana me dirigiré a la Nación con más detalles sobre mi decisión» ha escrito el ya excandidato.
La presión sobre Joe Biden, de 81 años, ha sido brutal desde que hace tres semanas tuviera una desastrosa actuación en un debate televisado ante Donald Trump.
El Partido, pero también la opinión pública, perdieron la fe en él. Biden y su familia y entorno pensaban que él era la mejor opción contra el Republicano, pero poco a poco han ido aceptando la realidad. Las encuestas de un lado, el desplome de los ingresos de la campaña por la preocupación de los donantes, y el cada vez mayor número de congresistas (casi 30), senadores (hasta cinco en público) y el acoso y derribo de la prensa progresista acabó venciendo su resistencia.
Sin embargo, lo que por estas horas se considera decisivo para la renuncia de Biden es el retiro del apoyo del Presidente Barack Obama, de quien Biden fue Vicepresidente en dos mandatos consecutivos.
Aunque con un lenguaje más claro y aligerado de ambigüedades, Biden hizo suya la famosa frase que el 2 de agosto de 1927 pronunció el entonces Presidente Calvin Coolidge ("I do not choose to run") con la que comunicó a los estadounidenses su decisión de no competir en las elecciones presidenciales de 1928.
En el comunicado que Biden ha dirigido esta tarde a la Nación, el todavía Presidente destaca que en los últimos tres años, durante su mandato, "el país ha hecho grandes progresos como nación".
El consenso entre los suyos es que ha sido un gran presidente, pero que era imposible que ganara a Trump. Parece débil, vulnerable, errático, despistado, sostienen los que hasta hace unas semanas eran sus principales sostenes.
Del otro lado, Donald Trump, en su línea habitual, tiene el control absoluto de su partido y un apoyo sin fisuras que aumentó considerablemente después de su fallido atentado. Y además, un aumento importante en las donaciones, en especial de multimillonarios de las empresas tecnológicas. Lo que en un proceso tan largo y caro desequilibra el proceso y condiciona el resultado.