La razón que esgrime la señora Cartuccia para llevar a cabo esta humillante degradación es la que dice que Romero hoy denuesta al PJ, si bien la diputada ha escogido otro tiempo -bastante extraño por cierto- del verbo irregular denostar.
No puede haber una persona que fue presidente del PJ, 3veces Gobernador de Salta desde el PJ y Senador Nacional del PJ, y que hoy denosté completamente al PJ y hasta este en la vereda del frente del mismo
— Soy Laura Cartuccia (@laura_cartuccia) November 13, 2023
Hay que DESCOLGAR EL CUADRO de Juan Carlos Romero del Partido Justicialista pic.twitter.com/WHB2dNF0Ks
¿En qué consiste el denuesto? Pues, según se infiere del tuit de la señora diputada, la injuria grave de Romero hacia el PJ consiste en su anuncio de votar a Javier Milei como Presidente de la Nación y no a Sergio Massa, como lo va a hacer el gobernador Gustavo Sáenz y muy probablemente también la señora Cartuccia.
El pedido de «descolgar a Romero» no parece muy congruente que digamos con la estructura institucional del PJ salteño, que frente a lo que se podría considerar un ataque a su dignidad o a su coherencia por parte de uno de sus afiliados, dispone de abundantes mecanismos jurídicos para suspender a Romero de militancia o aún de expulsarlo de su seno, cancelando su ficha de afiliado.
Visto con sentido práctico, no da la impresión de que el PJ fuera a avanzar mucho con solo descolgar el cuadro de Romero, sin al mismo tiempo poner en funcionamiento su tribunal de disciplina, que -suponemos- existe para algo más que para desafiliar a intendentes ladrones de gallinas.
Ya en aquellas épocas Romero era un «peronista díscolo»; sin embargo a nadie se le ocurrió entonces ni cancelar su ficha de afiliado ni descolgar su cuadro.
Tal vez la señora Cartuccia sea partidaria de reemplazar el retrato de Romero por el de su hija Bettina, sobre todo después de que la felizmente ya crepuscular Intendenta de la ciudad haya anunciado que -a diferencia de su padre- votará por Sergio Massa.
Más que gestos para la galería, lo que hace falta en estos momentos tan críticos es un sinceramiento por ambas partes. Romero debería admitir que en realidad es un pequeño conservador disfrazado de peronista, un patrón a la antigua usanza que instrumentalizó al PJ para satisfacer sus ambiciones personales; y el Partido Justicialista, por su lado, reconocer que cuando admitió a Romero en su seno arrió, por interés o por falta de visión política, las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Lo que sin dudas es bastante más grave que simplemente descolgar un cuadro.

