Donde cae ahora mismo una fina «lluvizna», en forma de dudas, es en el edificio de la Real Academia de la Lengua, cuyos expertos estudian si incluir o no en la próxima edición del Diccionario el sustantivo «lluvizna» y su pariente, el adjetivo «lluviznosa».
Probablemente lo que necesitan los exhaustos campos españoles sea un poco (solo un poco) de la bienhechora «lluvizna» que en estos momentos riega plácidamente el templado Valle de Lerma y propicia que los salteños, mientras celebran la fiesta del trabajo, se entreguen dócil y sumisamente a la preparación del locro.
Es por esta razón que mientras los meteorólogos hispanos planean una visita a la estación experimental del INTA en Cerrillos, sus colegas de la Real Academia se proponen hacer lo mismo, pero a la redacción de El Tribuno, en donde también se producen fenómenos meteorológicos inusuales.

