Pero con la última resolución del Arzobispo de Salta relacionada con la designación de dos curas encargados del ministerio de la Iglesia para el exorcismo la cuestión cada vez parece más clara.
La designación como exorcista mayor del reino del padrecito don Ignacio de Loyola Pinto y de Sancristóval, dispuesta urbi et orbi por el Arzobispo de Salta, don Mario Antonio Cargnello, conduce a pensar que el diablo no es ambidiestro, salaz y oportunista como se le suponía.
Teniendo en cuenta estos antecedentes (y otros igualmente sugestivos, como la predilección del sacerdote por la formación ultraderechista Vox, afortunadamente minoritaria en su país natal) el exorcismo aprobado por Cargnello probablemente tenga como misión primordial extirpar la víbora marxista o «pasar el lampazo» sobre los lugares que habita, como escribió alguna vez el insigne comisario Elías Boleas.
Quiere esto decir que a los ultraderechistas poseídos por el demonio (que probablemente los haya en Salta), los comisionados exorcistas del Arzobispo los dejarán seguir retozando por los rescoldos de los cerros recién incendiados, porque en el fondo su posesión «no es tan grave» como la de aquellos que llevan al demonio adentro, pero vestido de verde oliva, con perilla blanquecina y con los anteojos de Trotsky.
Dice la Iglesia en sus documentos que la práctica del exorcismo no solo precisa de una recta intención y buena voluntad, sino también de una conveniente preparación específica, que el exorcista debe recibir para llevar adelante de manera adecuada su oficio (su ministerio, palabra que ha sido muy mal interpretada por numerosos medios locales y nacionales, que han confundido el ministerio eclesial con un ministerio gubernamental).
Ahora bien, esta «preparación específica» puede consistir en varias cosas. La primera, exige que el exorcista sea un buen «dispensador de bendiciones». La segunda que el exorcista asuma que la secularización, el neopaganismo, el debilitamiento o la pérdida de la fe, el relativismo y la confusión general son realidades que le obligan a cuidar de la vida espiritual de sus pacientes.
Pero hay una tercera «preparación específica» y esta consiste en una especial destreza para la limpieza ideológica. Mucho hablamos de la correcta celebración sacramental del exorcismo, pero esto es pura cháchara; es decir, no regula mucho más que la mera acción litúrgica. Aquí de lo que se trata es tanto de expulsar al demonio como de reconquistar el alma del poseído para la causa de la tradición, las buenas costumbres y lo que se conoce en algunas sectas como «la huella recta».
De nada serviría el exorcismo si al mismo tiempo no se alcanzan otros objetivos un poco más terrenales. Para ello, la personalidad y el background ideológico del exorcista se antoja fundamental, y así lo ha comprendido, en el suave crepúsculo de su ministerio episcopal, Su Eminencia, el señor Arzobispo de Salta.