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Candidatos del Pro en la ciudad de Buenos Aires
Candidatos del Pro en la ciudad de Buenos Aires

En primera instancia, se juega una pulseada decisiva en el seno de las fuerzas de centroderecha: La Libertad Avanza quiere ratificar su hegemonía en ese segmento derrotando al Pro de Mauricio Macri en su propio territorio y dando un primer paso para controlar el distrito en las elecciones generales de 2027.



El macrismo, que viene gobernando ininterrumpidamente la Ciudad Autónoma desde 2007, afronta el desafío del oficialismo nacional en condiciones de debilidad: ha perdido a los aliados que lo acompañaron en Juntos por el Cambio y se desangra en deserciones ostensibles y potenciales. Entre las primeras se destacan los dos últimos precandidatos presidenciales de su fuerza: Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta; ella, volcada al mileísmo, y Larreta, reivindicando una actitud moderada y autónoma.

Aunque siguen verbalizando que “el principal enemigo es el kirchnerismo”, el macrismo y La Libertad Avanza afrontan la elección sabiendo que lo principal es su oposición recíproca. Paradójicamente, para enfrentar a los libertarios, Macri ha elegido una lista propia con figuras propensas al mileísmo y, para defender la gestión que hoy encabeza su primo Jorge, prefirió personal de su propia confianza, dejando afuera a jugadores más cercanos al intendente, como el doctor Fernán Quirós.

La jefa de La Libertad Avanza, Karina Milei, puso a la cabeza de su lista a Manuel Adorni, el vocero presidencial, una figura de perfil muy alto. El hecho revela que juega fuerte. También permite inferir que al oficialismo nacional no le sobran cuadros y tiene que desvestir un santo para cubrir otro.

Por la franja que le permite la pelea entre libertarios y macristas, Leandro Santoro intentará filtrar una candidatura opositora nutrida por elementos peronistas, kirchneristas y radicales que, si mejora un poco el 32 por ciento que consiguió en 2023 soportando la losa del fracaso del gobierno Fernández-Kirchner, puede llegar a quedarse con el primer puesto y la primera minoría.

En cierto sentido, contribuirían a ese éxito potencial las candidaturas de Rodríguez Larreta y del libertario disidente Ramiro Marra, ya que lo que ellos sumen seguramente se restará del monto del Pro y La Libertad Avanza.

Así como lo que resulte de la pulseada interna de la centroderecha tendrá influencia nacional, la eventualidad de que Santoro se anote un triunfo en la Ciudad Autónoma derramaría sobre la elección bonaerense, incentivando el entusiasmo de las fuerzas K y presionando con mayor fuerza para que macristas y mileístas bonaerenses junten los trapos.


La cifra, los tramos y la trama

Pero en los últimos días, la preocupación mayor del gobierno fue la presión del mercado sobre las reservas. El alivio político obtenido una semana atrás, al conseguir que Diputados aprobara el DNU que autoriza al gobierno a acordar un nuevo convenio con el FMI, fue bienvenido por la plaza, pero no pareció suficiente para aliviar la mezcla de incertidumbre y expectativas que obligó al Banco Central a seguir desprendiéndose de reservas (con los 192 millones que debió vender el último viernes, en marzo perdió 2220 millones), que han llegado a una posición muy vulnerable. La cotización de los dólares libres se elevó: el blue traspasó la barrera de los 1300 pesos.

Las dudas ya no se referían al acuerdo con el Fondo en sí (todo el mundo lo daba por hecho una vez que el DNU superó la Cámara Baja), sino a sus detalles: cuál sería el monto que aportaría la entidad además de los que el país necesita para pagar los vencimientos con ella y en qué plazos y condiciones se entregarían los fondos frescos. Esas incertidumbres, centradas en los cambios que sobrevendrán en el régimen cambiario y sus consecuencias, no son las únicas; también hay interrogantes de otro orden.

El jueves, el gobierno se vio forzado a mover al ministro de Economía, Luis Caputo, en un intento de serenar el ambiente. Después de blanquear en la noche del miércoles con Kristalina Georgieva, la número uno del Fondo, lo que pensaba hacer, Caputo difundió la cifra que su gobierno solicitó a la entidad y que habría acordado en principio con su staff técnico: 20.000 millones de dólares. Lo hizo temprano, en la Bolsa de Comercio, ante un público de empresarios y administradores de seguros. Quería pinchar los rumores que vaticinaban una cifra menor.

En Washington, el Fondo solo acompañó en primera instancia con ambigüedad el discurso del ministro: su vocera, Julie Kozack, omitió mencionar cifras (se trata –dijo ese día– de “un paquete de financiamiento considerable… pero el tamaño lo determinará finalmente nuestro Directorio Ejecutivo”); recordó, eso sí, que los fondos que se acuerden serán entregados en tramos.


A los golpes

Recién un día más tarde, la misma vocera convalidó que la cifra “solicitada por el gobierno argentino” era 20.000 millones de dólares.

El gobierno estaba especialmente interesado en aventar los rumores de devaluación que acompañan como una sombra las tratativas, a la luz de lo que buena parte de los economistas caracterizan como atraso cambiario. No solo lo hizo el ministro, sino que el propio Presidente lo respaldó con intensidad; reiteró que no devaluará (“voy a tener tantos dólares que respaldan la base monetaria, que me podrían sacar toda la base monetaria al tipo de cambio oficial y me sobrarían US$24.000 millones”, estimó), calificó de irrelevante la discusión sobre el tipo de cambio y aseguró que la volatilidad financiera de las últimas semanas ocurrió porque “hubo un intento de golpe en la cuestión institucional-política, en la calle y en el mercado. O sea, el mercado es solamente una parte de todas estas cosas”.

Es posible que ni la jugada de Caputo ni la vehemencia de los razonamientos presidenciales aventen a corto plazo las incertidumbres. Faltan aún dos o tres semanas para que se produzca la aprobación del préstamo por el Directorio del Fondo y queden claros sus principales detalles. Se especula con que, de los 20.000 millones aludidos, quedarían, en el mejor de los casos, unos 8000 millones de dólares para fortalecer reservas. Pero los fondos llegarán “por tramos”, por lo que resulta muy importante conocer las dimensiones del primer desembolso. El Fondo no exige una devaluación, pero ¿no reclama “flexibilidad cambiaria”? Y esa flexibilidad, ¿no determinará, de hecho, un salto –digamos, una adecuación a la realidad– del tipo de cambio? ¿Qué pasará cuando el gobierno empiece a retirar el cepo y los controles?

Esas y otras preguntas relacionadas garantizan que el estrés de los mercados se prolongue, tenga o no el condimento golpista que el Presidente le atribuye. Hay un maquiavelismo de las cosas y los procesos.

Es posible que el mercado (y su encarnación concentrada, el llamado círculo rojo) incremente su preocupación al observar que la resolución de esas dudas está enmarcada en una situación política difícil. La tendencia a la libertad económica, la desregulación y la inserción en el mundo, que pareció afirmarse durante los primeros meses de gestión de Milei, depende casi exclusivamente del vínculo entre el Presidente y la opinión pública; no tiene estructuras políticas sólidas que le den sustento.

Si bien aquel vínculo mantiene vitalidad, atraviesa un tramo de decaimiento, y un traspié en materia de inflación –el puntal decisivo de la gestión– podría traducirse en un decaimiento mayor. Las encuestas registran ese deslizamiento, empiezan a moverse actores que se mantenían a la expectativa (la CGT proyecta un paro, las movilizaciones de protesta se vuelven más frecuentes) y cualquier variación en la relación peso/dólar tiende a reflejarse en los precios de productos y servicios.

En ese contexto, el desafío electoral de este año y la apuesta del Presidente y su triángulo de hierro de despreciar alianzas con sectores afines determinan el riesgo de un retroceso político. El mercado y sus sectores más influyentes temen que una victoria en la provincia de Buenos Aires de la oposición “populista” (liderada por la señora de Kirchner o por el gobernador Axel Kicillof) trabe el impulso que, con los rasgos de su estilo heterodoxo, Milei le aportó a aquellas tendencias aperturistas.

En suma, al tiempo que presionan en favor de mayor libertad en el plano económico (fin de las restricciones cambiarias, libre flotación del dólar, etc.), los mercados también demandan un marco de instituciones equilibradas, acuerdos básicos y convergencias que den fuerza electoral y política y garanticen previsibilidad. Están inquietos porque sospechan que las expectativas creadas por el Presidente libertario exceden las exclusivas fuerzas y posibilidades de su partido –La Libertad Avanza–: que, para darles impulso y sostenibilidad, se necesitan herramientas más amplias y articuladas. Y no ven que el oficialismo admita esta necesidad.

Las dos fuerzas que, como mínimo, los mercados quisieran ver juntas (el oficialismo y el Pro) se enfrentarán en mayo en la Ciudad de Buenos Aires (ofreciéndole una chance de triunfo a la lista opositora que encabezará Leandro Santoro), mientras por ahora se limitan a jugar a las visitas y demoran un acuerdo en la provincia de Buenos Aires, sustento principal de Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

He ahí por qué la inquietud de los mercados refleja más que incertidumbres económicas.


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