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  • Desavenencias históricas
  • A la gente le encanta dividir el mundo. Hay quienes dividen el mundo en ricos y pobres; otros entre conservadores y progresistas; conozco quien lo divide entre inteligentes y tontos.
Eva Perón (1919-1952)
Eva Perón (1919-1952)

La cosa es que siempre se polariza… una mujer que no puede tener hijos de seguro dividirá entre los que tienen o no tienen hijos. Un binarismo no siempre sano, ya que el que divide, de seguro, se supondrá en una posición y antagonizará con la otra. Se pondrá del lado bueno contra el lado malo. Aunque, por supuesto, en el caso de la mujer que no puede tener hijos… será una excepción.


Quizás algunas personas no pueden escaparse del yin y el yang, pero más bien creo que se trata de empatías y antipatías. Muchos buscan ser parte de algo mejor en desmedro de los que son, supuestamente, inferiores. Y esta cuestión de separarse de… también está el de aborrecer, poyorizar, discriminar y hasta odiar aquello que les da miedo por ser diferente.

El solo hecho de creerse portadores de la verdad, más grandes, más inteligentes es un síntoma de individualizarse antipáticamente de otros.

Toda nuestra historia se nutre de esta condena que ha producido hasta guerras atroces y sangrientas. Los cuatro jinetes del apocalipsis cabalgan victoriosos entre el odio y los variados intereses tanto económicos como de poder.

América es una tierra de contrastes muy fuertes. Gente apasionada la habita y la vive. Aunque no siempre fue así, desde la llegada del mundo europeo con todas sus bondades y maldades, se convirtió y sigue siendo un arco iris de contradicciones.

Como es menester a las leyes del mundo, para toda acción existe una reacción de iguales proporciones. Si un líder es amado, inmediatamente genera en su contra odios irrefrenables; se puede decir que en lo político no existen términos medios ni tibios.

Nuestra Argentina es parte sustancial de esta historia lapidaria, antes de morenistas y saavedristas ya se enfrentaban criollos contra peninsulares, liberales contra conservadores por la expulsión de los jesuitas y mucho antes los que estaban a favor del libre comercio contra los obsecuentes de la corona.

Así nacieron los unitarios y se enfrentaron con los federales, y éstos se dividieron en autonomistas bonaerenses y autónomos provinciales y los unitarios también... luchas de sangrienta laya que salpicó de negro nuestro devenir de muerte y espanto.

Más cuando el país estaba unificado y avanzando en el nuevo siglo se enconaron con justa razón socialistas, anarquistas y radicales contra conservaduros, y la Patagonia se oscureció de sangre derramada por los mártires de una revuelta campesina.

Luego nacería una fuerza política imparable e inimaginable que sería el odio sublime: el "peronismo", el movimiento más contradictorio y popular de América sudamericana. Una gran fuerza revolucionaria que no mitigará su luz hasta nuestros días, tampoco sus males internos y sus permanentes discordias.

Cada personaje tendrá la mítica de blanco y negro, Sarmiento, Mitre y Roca construirán un país sobre los escombros del Paraguay, la centralidad de Buenos Aires y el desprecio al mestizo, mirando a Europa y construyendo una París rioplatense, ciudad bella y altiva. Sol de América Latina sobre el Río de la Plata. Única y exquisita en su centro, pobre de arrabales y conventillos en sus bordes. Encantadora por su música y tristeza tanguera.

Alem, Aristóbulo del Valle e Hipólito Yrigoyen lograrán los derechos ciudadanos y la libertad de votar.

Juan Domingo Perón rescatará al pueblo de su marginalidad histórica y abrirá el camino a un símbolo mítico argentino. La "madrecita del pueblo", la "abanderada de los humildes", Evita - la mujer que se enfrentó a todas las parcas contrarevolucionarias y reaccionarias de hoy y de siempre. La más odiada de todas, a la que se le escribirá: "Viva el cáncer", festejando a la única fuerza que la pudo destruir.

Y el odio siguió y siguió hasta la perpetración de un genocidio macabro en los años setenta donde todos se mataban sin saber por qué ni para qué. El infierno en las tierras del Plata. La cúspide de la crueldad inimaginable.

Muchos pensaron y gritaron "Nunca más"... pero no aprendimos demasiado.

Hoy después de la pandemia el odio fluye desde las cloacas de Buenos Aires y resuena en los oídos con la música pobre y vulgar de la cumbia villera. Los televisores vociferan de un lado y del otro, los unos contra los otros de siempre, los profetas del odio y las bajezas. Y quienes se prenden, como creyéndose inmortales, castañetean los tarros de la inmoralidad.

Hoy, en medio de un tenue paro nacional, el país sufre la más terrible de la divisiones, donde se debaten la suerte de los trabajadores y sus fuentes laborales.

Con razón declaman los justos que "los hermanos sean unidos… esa es la ley primera".

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