Y no le han mentido, la «capi» siempre tuvo sus ojos en la Europa Civilizada en desmedro de la Argentina Criolla e inculta.
Desde las escuelas sarmientinas se les grabó a los niños la creencia rudimentaria que hacia el interior se cierne la tiniebla y hacia fuera la luz, la seguridad, la tecnología y el confort que da la civilización.
Pero si bien, el provinciano, ese que habita el interior, acata con cierta reticencia la moda trasplantada, en contrapartida buscó resolver el conflicto con cierta aceptación falsa. Quizás podamos hablar de una doble actitud, por un lado recogió la imposición sin discutir, y por el otro encubre el sentido cultural propio, posición bifurcada de quien se viste del muerto para mantener viva su fuente cultural.
En franca contradicción la democrática Buenos Aires aceptó y de alguna manera sigue mirando para otro lado cuando en las provincias supervive el feudalismo, el nepotismo ilustrado de las viejas clases dominantes o bien fomenta el caudillismo autoritario para poder seguir mandando o mejor dicho, seguir repartiendo la torta a su «gusto y piacere». De paso cañazo, justifica la Barbarie Interior como quien concibe un mal necesario.
En materia ideológica el «externísimo Baires» se viste con atuendos nacionalistas, como quien aparenta con ropas deportivas correr una maratón, se autoproclama liberal e independiente mientras ofrece su puesto de gerente al imperio de turno y por último se saca fotos para ilustrar la enciclopedia de la hibridación americana. Toda una parafernalia de apariencias mal llevadas, puentes, vías y caminos que sólo conducen al colonialismo más vil y corrupto.
Una historia de falsedades armadas a los ponchazos, de tradiciones carentes de sustento, gauchos oligarcas, confusa negación de lo propio y hasta de lo ajeno. Más vale que como mala copia es pasible a la autocrítica ya que todo lo que está afuera es mejor y no hay nada más hermoso que los Estados Juntos de Arriba.
También el porteñocentrismo anglófilo, y según don Arturo Jauretche, ocupa un lugar destacado dentro de las grandes zonceras argentina cuando sólo supone que la cultura nacional termina en la llanura pampeana, miopía estúpida que supo perder gran parte del Alto Perú y nuestra salida al mar pacífico por el puerto de Cobija, hoy Antofagasta de la Sierra, antaño bien salteña y que hoy ,como todo miembro, amputado añora volver a la patria primigenia.
Es menester por lo tanto, de una vez por todas romper el molde, abrir la herida aunque sangre, y mostrar la pus infecta de la mentira, sólo así podremos distinguir la carne cultural que poseemos, las culturas ancestrales todavía vivas, las riquezas que dio la mezcla y el bello devenir de las artes y las expresiones verídicas de nuestros pueblos en toda su diversidad.
Hoy el ciudadano americano se debe despojar de la brutalidad binaria impuesta y reconocer su soberana condición de cultor y sin el miedo que le impusieron, con todo esmero empezar a tallar el orgullo de ser auténtico.
Y esto se entiende leyendo entre líneas la Constitución Nacional que en su Art. 25 sólo acepta la “inmigración europea” como la única posible. Con razón sólo venimos de los barcos…
Artículo 25. El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes.
Alea jacta est…