Toda Argentina y países vecinos, como en una tragicómica telenovela, sin quitarle el ojo al plasma, sigue los vaivenes del caso de un policía federal retirado de 74 años aprehendido después de haber matado de un balazo a un vecino, tan estúpido como él, con el que discutió por el volumen de la música en la madrugada de Navidad.
La mayoría de las crónicas se basan en el hecho de la falta de respeto a la convivencia o el tema del uso de armas de fuego.
La palabra violencia deriva del latín (violentus) que a la vez estaría formada de dos palabras "fuerza" (vio) "lento" (lentus) con la interpretación: "el que ejerce la fuerza constantemente" - de esta palabra también deriva "violar" "violación". La violencia, por lo tanto, es un comportamiento agresivo deliberado que puede provocar daños físicos o psíquicos al prójimo. Es importante saber también que la violencia puede ser emocional mediante ofensas o amenazas. Por eso la violencia puede causar tanto secuelas físicas como psicológicas.
Existirían tres divisiones importantes dentro del concepto “violencia”: la violencia cultural, la estructural y la directa.
La primera se manifiesta por medio de las obras de arte, de la música, de la pintura, escultura etc. Pero así también desde la ciencia o la religión.
La segunda –estructural– la más peligrosa, pues es la que se origina, a través de diversos sistemas, como consecuencia de no poder o no ver satisfechas las necesidades que se tienen.
Por último, la violencia directa que es la que se realiza de manera física o verbal sobre personas, contra el medio ambiente o contra los bienes de la sociedad en general. Robos, asesinatos, violaciones, daños contra los recursos naturales o ataques a inmuebles son algunas de las manifestaciones más habituales de este tipo de violencia.
De todas maneras es importante saber que el concepto de violencia será diferente según la cultura o la época desde donde se analice.
De todas maneras existen unas simples dicotomías: “fuerza – razón”, “violencia – autocontrol”, “guerra – paz”, “brutalidad – humanidad” que marcan el ideal del hombre por querer elevarse de su propia animalidad hacia una razón, inteligencia y espiritualidad.
Si de alguna manera hemos evolucionado culturalmente – la diferencia que marca la historia – las que nos separa del hombre de las cavernas fue quizás “el derecho”, “la norma” que nos permite vivir en comunidad, en convivencia sin matarnos los unos a los otros.
En un campo ideal, la “Justicia” permite que en una sociedad, “el débil” posea los mismos derechos y obligaciones que el “fuerte y poderoso”.
En la condición humana, en su propia naturaleza están justamente latente los opuestos, conviven en nosotros puesto que somos parte de un sistema universal de contrafuerzas.
De alguna manera podemos explicar lo que nos pasa ahora –en nuestra sociedad– y el porqué de una constante violencia que vivimos.
La cosa es que, en este mundo de plástico, la televisión promete paraísos que pocos pueden gozar, y a su servicio estamos. Una civilización donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos. Las cosas te compran… Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales.
Esta civilización basada en el ejercicio de la violencia no deja dormir a las flores, a los pollos ni a la gente. No hay tiempo para perder el tiempo. Hay que trabajar constantemente para conseguir más dinero para comprar cosas y como hay tantas cosas para comprar se necesitan tarjetas de crédito, cuentas corrientes, giros al descubierto y tanto se endeudan que por último pierden la casa, el auto y por último el trabajo.
Paradoja total: muchos condenados al insomnio por la ansiedad de comprar y la angustia de no poder pagar.
Los mal llamados pobres, al margen de ser condenados al hambre y a la miseria también están condenados a contemplar los manjares que ofrece la publicidad pero cuando estiran la mano estas maravillas se alejan y si algunas atrapan por asalto van a parar a la cárcel o al cementerio.
Al parecer nuestra propia sociedad occidental y cristiana tampoco se puede librar de los contrapuestos – por un lado genera violencia y violentos y por otro, con desmesura, intenta aplastar y destruir.
Existen hoy costumbres, que muchos consideran hasta naturales y que son simplemente aberrantes, cuando alguien obtiene un título universitario, por ejemplo, debe someterse a una patoteada amistosa, donde se le rompe la ropa, se le arrojan cosas indeseables, como comestibles, pintura y por qué no también pueden sufrir cortes de pelo y ser desnudados. Para qué hablar de las despedidas de soltero donde muchos valientes contrayentes sufrieron quemaduras, heridas graves al margen de los ataques antes citados.
En el deporte y en especial en el rugby, los recibimientos o también llamados bautismos, los ingresantes deben sufrir golpizas y otras tropelías violentas. Tenemos suerte que es un deporte de caballeros, que si no…
La pregunta es: ¿Hay una esperanza de poder cambiar y revertir estas cuestiones que hacen a nuestra naturalidad costumbrista?
Pero está este otro factor, que justamente nos define como humanos, porque como rezara el dicho popular… “de la mano de la sabiduría del hombre va su propia estupidez”. Y la estupidez, señoras y señores tiene muchas variables... se manifiesta de muchas y terribles maneras y una de las perores y mas peligrosa es el extremismo en nuestros actos y en cualquiera de sus variables: dogmatismo, fanatismo, fundamentalismo o xenofobia.
La portan seres de muy baja vibración, oscuros, resentidos, cobardes, oparrones y mal pensantes... y su única resultante es siempre la misma, la violencia, la crueldad y la intolerancia.
Estúpidos del tipo “Rafael Moreno” y quizás también su víctima, otro energúmeno sicópata que mantenía despierto a todo el barrio con sus parlantes, son de una peligrosidad indiscutible, pero mayor y potencialmente terrible es cuando gozan del sentido de la banalidad. ¿O es acaso, que nuestra propia cultura eurocéntrica genera ignorantes y enajenados funcionales para bien del sistema?
Nuestras discordias, nuestras “grietas” ¿no serán acaso generadas por el sistema para olvidarnos de los males que generan la calamidad pública?
Y una buena metáfora de la estupidez quizás sea aquella que Jesús pregonaba: “No hay mayor pecado que pecar contra la inteligencia...” ese don tan especial, que sólo posee el ser humano entre los seres vivos que habitan el planeta tierra y todo el espacio que abarca el sistema solar. Entonces podemos ver, lamentablemente que entre nosotros hay gente que no entendió este precepto. Gente disociada de la razón y que solo actúa.
Y Caín mató a Abel... y por milenios no ha dejado de hacerlo. La locura más cruel se ha de repetir incansablemente y la sangre asesinada se levantará una y otra vez para interpelarnos.
Creo que sería necesario un poco de coherencia en esta sociedad donde más reina la contradicción, la hipocresía y la más cruel desigualdad, para evitar de una vez por todas los asesinatos sin sentido… como en este caso.