En un arrebato de sinceridad brutal, el señor Dib Ashur reconoce que este objetivo de la «convergencia» entre territorios que efectúan contribuciones muy diferentes al PIB nacional no es fácil de alcanzar. La razón -para él- no es otra que la práctica inexistencia de «actividades económicas que permitan una convergencia en nuestro territorio con cierta velocidad».
Concluye el señor Dib Ashur diciendo que «contar con recursos naturales no basta» y, parafraseando el título de obra clásica de Adam Smith, afirma con convicción que «la riqueza de las naciones se basa más en el saber que en el tener».
A mayor abundamiento, el autor del escrito nos hace saber que «el mayor recurso natural de un país está en su conocimiento y en su capacidad de aprender», afirmación cuya sinceridad corresponde poner en duda si nos fijamos en las paupérrimas cifras que arrojaron las mediciones de la calidad de la educación en la Provincia de Salta cuando el mismo señor Dib Ashur fue ministro encargado de aquel departamento de Estado.
Sorprendentemente, el Ministro de Economía de un gobierno que parece haber confiado su futuro a las abundantes regalías de la explotación del litio en nuestros salares, nos dice, con cierto escepticismo fronterizo con el pesimismo, que Salta no saldrá de su atraso y no logrará «converger» con los territorios más ricos del país ni en base al litio, al tabaco, a las legumbres, a la vid, a la caña de azúcar, el turismo o a la producción de energía.
Según Dib Ashur, Salta necesita una rápida transición hacia la economía del conocimiento, «para innovar, incrementar el valor agregado y aumentar la productividad de todos los sectores». Dice el Ministro de Economía que nuestra Provincia necesita «el uso intensivo de tecnologías» y que los «factores centrales de producción» son el conocimiento y las ideas de las personas.
Por inobjetables que estos prudentes juicios parezcan, ¿no es un poco extraño que defienda el uso de tecnología y que pretenda convertir al conocimiento y «las ideas de las personas» en la clave del desarrollo y la productividad un gobierno probadamente pretecnológico, que mantiene a Salta en el fondo de la tabla en materia de calidad educativa y que desprecia abiertamente las ideas que no provengan del propio grupo gobernante?
Dib Ashur no solo desconfía de la extracción del litio y de sus bienhechoras consecuencias sobre los sistemas económico y social sino que nos dice, además, que Salta solo puede crecer en base a lo que no tiene o tiene muy poco.
Si el ministro fuese sincero, a estos juicios tan atinados sobre el futuro de nuestra economía (de nuestra pobre economía) debería añadirle una profunda autocrítica, pues él no viene de la nada a evangelizarnos sino que ha sido funcionario de los gobiernos de Romero, de Urtubey y de Sáenz y alguna responsabilidad tiene en el atraso que Salta padece y que el propio ministro reconoce, sin esta vez -felizmente- echar culpas hacia afuera.
Pero mientras el señor Dib Ashur rumia la necesaria e imperiosa autocrítica y prepara un nuevo y esclarecedor artículo en El Tribuno, se hace necesario reconocer que, si bien su enfoque sobre la convergencia y el catch up es un poco ingenuo, su apuesta -aunque sea teórica- por una economía del conocimiento es un dato sumamente alentador.
Habrá que ver cómo lo encajan las novias del litio, que por cierto se sientan muy cerca de él en las reuniones de gabinete.
