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  • Mezquindad y materialismo
  • Antes de dar una respuesta concluyente a esta pregunta, convendría preguntarse si son buenos negociadores los presidentes Emmanuel Macron o Volodimir Zelensky, o si lo es la líder opositora venezolana María Corina Machado.
Diego Santilli y Gustavo Sáenz
Diego Santilli y Gustavo Sáenz

En el mundo en el que vivimos, si el «éxito negociador» se midiera por las ventajas materiales que los líderes políticos obtienen en sus relaciones con otros, desde luego que el único líder mundial «exitoso» (entre comillas) es el presidente Donald Trump.


Ni Macron, ni Zelensky, ni mucho menos Machado, han obtenido casi nada en las últimas negociaciones en las que han intervenido. No obstante, los tres se encuentran en un muy buen momento de popularidad, teniendo en cuenta el tiempo que llevan en el candelero internacional y las serias dificultades que enfrentan sus países.

Ahora bien, ¿pueden los estadounidenses estar orgullosos de la capacidad negociadora de su Presidente?

Si tenemos en cuenta de que Trump no parece tener diques morales y que sus habilidades negociadoras se basan en la suba y baja de aranceles impuestos a países antipáticos (la zanahoria) y en la fuerza militar exorbitante (el palo), lo más probable es que buena parte de los ciudadanos norteamericanos no estén muy satisfechos con esta forma de negociar.

Pensar que el Gobernador de Salta debe obtener «ventajas» en sus negociaciones con el poder federal que encarna el presidente Javier Milei es una forma bastante materialista de entender las relaciones entre el centro y la periferia; y si me apuran, diré que es una forma bastante inmoral de valorar las relaciones entre dos seres humanos.

¿Por qué no pensar que cuando Gustavo Sáenz se sienta con el Presidente, con el Jefe de Gabinete o con el Ministro del Interior, tiene en mira primordialmente la gobernabilidad del país y no las prebendas que obsesivamente buscan otros gobernadores?

Visto el asunto del otro lado, ¿qué razones hay para pensar que cuando el Presidente entabla conversaciones con los gobernadores solo habla de números y de transferencias? ¿Son los gobernadores unos extorsionadores profesionales disfrazados de patriotas?

Reducir la negociación federal a un trapicheo de recursos, a un quid pro quo, es no entender el país y sus históricas complejidades. Sobre todo, es no tener idea de cómo se han movido y gestionado históricamente los intereses en Salta.

Una cosa sí tengo bastante clara: Gustavo Sáenz obtiene más para Salta en su relación con el presidente Milei de lo que podrían obtener Olmedo, Orozco y Zapata, juntos y operando de forma «articulada».

¿O acaso alguien se cree realmente que Milei es amarrete con Salta solo porque la gobierna Sáenz?

Sería realmente muy estúpido pensar que Milei será mucho más generoso y flexible con Salta si en vez de Sáenz la gobernara una populista lenguaraz como Orozco.

Así como a Trump le conviene largamente que sea Delcy Rodríguez y no María Corina Machado quien gobierne Venezuela, a Milei le conviene de aquí a la China que Gustavo Sáenz sea quien tome las decisiones en Salta, y no los iluminados libertarios locales que todos los días le bailan el agua.

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