El asunto no sería tan grave si con este uso incorrecto generalizado no se estuviera poniendo en serio peligro la idea federalista original, que es bastante más ambiciosa que el simple equilibrio o la homogeneidad entre territorios.
Todas estas actuaciones —en la medida en que sean reales, claro está— son sin dudas positivas, pero tienen que ver con el federalismo tanto como las artes plásticas tienen que ver con la endocrinología.
Salta no es un Estado federal, pues si lo fuera, tal forma de Estado debería haber sido recogida por la Constitución. Salta es un Estado federado y su fuerza en la federación se afirma, precisamente, en la unidad de su régimen interno.
Si Salta fuese realmente «federal» hacia adentro, sus intereses como Provincia (enfrentados a los de otras provincias y a los del Estado cental) no serían únicos y homogéneos, como actualmente lo son y pienso que deben ser. Sería bueno recordar también que tanto Martín Miguel de Güemes como José de San Martín desconfiaban, y mucho, del principio federativo.
A estas alturas no parece tan obvio que el único «federalismo» que conocemos es el federalismo político de base constitucional. Parece mentira, pero hay que decirlo, porque hay gente que no se entera.
En la Argentina jamás se ha visto con buenos ojos la existencia de un federalismo social —idea cuya paternidad se atribuye al anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon— que tiene su origen en un contrato y que requiere para su funcionamiento de la existencia de un municipio asambleario que en la Argentina no existe, ni puede existir, por imposición del artículo 22 de la Constitución Nacional.
Llevar escuelas, carreteras, resonadores magnéticos, líneas de alta tensión o cajeros automáticos a territorios remotos de Salta no responde a una «mirada federal» como acostumbra a decir el gobierno. Es su deber hacerlo y tal deber no viene impuesto por una norma superior que nos convierta en un «Estado federal», sino más bien por el derecho fundamental a la igualdad ante la ley, consagrado solemnemente en el artículo 16 de la Constitución Nacional y en el artículo 13 de la Constitución de Salta.
Ayer, sin ir más lejos, el Gobernador de Salta ha dado un paso en la dirección correcta. Aunque el mandatario también incurre de vez en cuando en imprecisiones verbales, ayer ha dejado claro que su intención (al poner en marcha el hospital digital) es que «no haya salteños de primera y de segunda».
Y esto, que es estricta justicia, nada tiene que ver con el federalismo, que debería servirnos para otras cosas, si acaso más importantes.
