El anuncio ha sorprendido a muy pocos, porque una mayoría considera «normal» que a una persona que está cerca de los ochenta (no de los ochenta años sino de los años ochenta, que no es lo mismo) se le olviden algunas cosas y se acuerde de otras.
Estamos hablando, en promedio, de una nueva Constitución cada ocho años, lo que quiere decir que, en Salta, las constituciones duran menos de lo que duran los gobernadores. En ningún lugar de la Tierra sucede algo parecido.
A este dato tan alarmante habría que agregarle otro: en Salta, la Constitución se reforma cada vez más, pero se cumple cada vez menos. Para dar testimonio vivo de esta curiosa pobreza obligatoria están el señor Pablo López Vinyals y la señora Teresa Ovejero Cornejo.
¿Para qué reformar entonces una Constitución que no se va a cumplir?
La respuesta más aproximada a la realidad es que Marocco se propone reformar la Constitución de Salta por el puro gusto de hacerlo. Siete décadas de una vida política precoz amenzan con entrar en la historia por su ventana más pequeña, de modo que los únicos recursos que le quedan al personaje (que cuando tenía 17 años gastaba un bigote rubio y finito como cejas de canario) es procurar que su nombre se grabe en la placas de las inauguraciones y que figure al pie de la sucesivas constituciones, así estas sean cada vez peores.
La segunda respuesta, en orden de acierto, es que Marocco quiere que todos aquellos cargos públicos a quienes falsamente se les limitó o impidió las reelecciones en 2021, consideren a la futura y aun no jurada Constitución como «la primera», de modo que todos aquellos limitaditos e impediditos puedan renovar sus cargos, como lo hicieron –falacia argumental mediante– por ejemplo el señor Pablo López Vinyals y la señora Teresa Ovejero Cornejo.
La última posibilidad es que Marocco, con su proverbial generosidad (de la que bien puede dar fe el hijo del recordado Olivio Ríos) desee dar trabajo a una nube de «constitucionalistas autopercibidos» que hoy se ven en figurillas para subsistir dignamente solo en base a su ciencia vallista.
Cualquiera sea la explicación más plausible, cuando ninguno de nosotros se dé cuenta, los salteños y las salteñas tendremos una nueva Constitución, y Marocco será uno de los «padres fundadores». No muchas constituciones llevan la firma del mismo convencional.
Después del Virrey Toledo viene él, de modo que habría que pensar en arrastrar con una Caterpillar hasta tumbar esa estatua color portland que hay en la Plazoleta Cuatro Siglos y poner sobre el mismo pedestal una del sonriente Marocco, con una espada toledana apuntando al centro de la Tierra.
Si todo sale bien, la Virgen nos lo conserva lúcido y el perverso «alemán» no hace de las suyas, este repúblico de pro inscribirá su nombre en la historia del constitucionalismo provincial, legando a las futuras generaciones de salteños y salteñas chispazos vibrantes de su profunda filosofía institucional.
