En aquella ocasión, Kosiner dijo: «El voto electrónico es tan sencillo de manejar que hasta los pueblos originarios pueden utilizarlo».
El etnocentrismo dominante en el gobierno de Salta no solo se expresa en las frecuentes lecciones cívicas que los funcionarios apoltronados en la capital de la provincia imparten a concejales e intendentes de la periferia (del «Norte profundo de la patria», como le gusta decir al Gobernador), sino que también adopta la forma de escuelas de fútbol, cursos de cuidado de camélidos (para coyas que llevan 15 siglos haciéndolo) y entrenamiento de votación para pobladores «originarios».
Ahora, después de la sanción de la ley nacional que instaura la boleta única de papel para las elecciones nacionales, los sagaces funcionarios de la Dirección de Asuntos Indígenas saldrán presurosos a organizar cursos y talleres para enseñar a nuestros aborígenes a hacer cruces sobre un papel. ¡Claro! Si ni patear una pelota saben, ¿cómo van a saber votar?
Una de la formas más eficaces de detectar el racismo consiste en saber si el agente discriminador propone que el colectivo discriminado tenga sus propias escuelas.
¡Y eso es precisamente lo que hace el gobierno de Salta!, que construye escuelas y colegios exclusivamente para «originarios», y, además de recluirlos allí, lo publicita con orgullo, como si fuera el no va más de la justicia social.
Uno de los problemas más graves que afrontan los pobladores indígenas es la falta de integración y el dificultoso acceso a la ciudadanía. Sin embargo, el gobierno se empeña en señalarlos (en «focalizarlos»), en marcarlos como si fuesen ganado y en tirarles la comida desde un helicóptero como si fueran fieras salvajes en la sabana.
Para los «originarios» no solo hay educación especial; también hay vacunaciones especiales, un sector del hospital dedicado a ellos, operativos de identificación a la carta y enseñanza bilingüe. Pero ¿por qué no se educan en los mismos sitios y con los mismos programas de los demás? ¿Por qué si el bilingüismo es tan valioso no llega a toda la población? ¿Por qué no se enseña wichi en las escuelas de la ciudad de Salta?
Ahora, cuando a nuestros ignorantes «originarios» toca enseñarles a usar la boleta única, el etnocentrismo funcionarial se pondrá de nuevo en marcha. Irán rancho por rancho remontando el Pilcomayo con un iPad en ristre y preguntarán a los moradores: «¿Conoce usted lo que es la boleta única de papel?»
Y ante la respuesta perpleja del «originario», le volverán a preguntar: «¿A usted le gusta el bolanchao?»
Esa pedagogía es infalible. La letra con iPad entra.