La súbita interrupción de los recursos federales impuesta por las políticas draconianas del presidente Milei ha provocado, sin dudas, un pequeño terremoto en el seno de un gobierno probablemente mal acostumbrado a la comodidad de las ayudas financieras a piñón fijo.
La tarea no es sencilla, pero para Sáenz no parece haber empresa imposible.
Curtido en las dificultades más inverosímiles (baste con recordar el singular desafío de la pandemia), el Gobernador de Salta ha sabido levantar la cabeza en momentos en que muchos -incluidos algunos de los que están más cerca de él- la metían en un agujero con la esperanza de que la tormenta pasara.
En esto se ha distinguido sin dudas de casi todos sus colegas gobernadores, mayormente preocupados en asuntos aldeanos.
Es verdad que la economía no acompaña y que los experimentos macroeconómicos del gobierno federal de momento le han hecho a Salta más mal que bien; pero a diferencia de sus dos antecesores inmediatos, Sáenz no ha envilecido a las instituciones ni las ha instrumentalizado en su propio provecho. Se lo tenemos que agradecer.
Aunque casi todas nuestras instituciones son manifiestamente mejorables, el Gobernador de Salta ha decidido que el juego institucional es el que debe dar forma y sustancia a su gobierno, frente a quienes sostienen que la imagen de un Gobernador se construye exclusivamente a base de cemento portland y en paseos triunfales por obras públicas.
Gustavo Sáenz ha demostrado que es capaz de mover los hilos del poder con discreción y habilidad. Con sus mensajes, pero especialmente con sus silencios (tan valiosos como los mensajes) nos confirma a diario que no es un Gobernador resultadista y que la contabilidad de sus aciertos no se limita a los metros lineales de cordón cuneta o a los metros cuadrados construidos, como piensan algunas mentes cuadriculadas del gobierno.
Sáenz ha pasado así de gobernar «lo que se ve» a gobernar lo intangible, y esto es algo que solo se pueden permitir aquellas personas que tienen una idea completa y cabal de lo que es el gobierno de una sociedad compleja y de la utilidad que la dirección política de la sociedad reporta a los ciudadanos que la integran.
En algún momento volverán las obras; pero, cuando lo hagan, lo harán con más calidad que antes y reportarán un mayor beneficio social. ¿Por qué? Porque Sáenz ha sabido pilotar la nave y remontar olas altísimas. Porque ha evitado que el gobierno colapse o que entre en un cono de desesperación por el recorte de la financiación federal y ha sabido mantener viva la idea de una Salta unida y cohesionada frente a los desafíos del entorno.
Las bajas temperaturas y el tiempo desapacible provocan desánimo y a muchos les hunde en el desaliento. Pero cuando el temporal arrecia, mucho antes de pensar en correr a refugiarse, a veces conviene fijarse en quién está al mando.