Mientras bajan los peregrinos de las alturas y los fieles se arremolinan alrededor de ellos para darles agua, comida y consuelo para sus animalitos, los políticos —animalitos de dos patas sin chips en sus collares— se pelean por ver cuál de ellos utiliza en sus consignas o comportamientos más frases o ideas relacionadas con el Milagro.
La frase ha sido interpretada como una salida elegante o una explicación esperanzadora para la escasez de medicamentos en algunas obras sociales.

Ayer, durante su reunión con el ministro Lisandro Catalán, el mandatario salteño entonó una parte del Día Noveno al decirle a su interlocutor: «Señor, ya que habéis empezado la obra, dignaos ahora completarla».
Se refería Sáenz a la cantidad de obras inconclusas que el gobierno nacional mantiene en Salta y que en junio pasado se comprometió solemnemente a finalizar, sin que hasta el momento hayamos visto ningún movimiento en esa dirección.
Por su parte, el candidato Juan Manuel Urtubey, peregrinó de rodillas hasta el domicilio penitenciario en donde se encuentra cumpliendo condena la señora Cristina Fernández de Kirchner, a quien su arrepentido visitante, a falta de mejor argumento, le repitió una parte del noveno Atributo de María, que dice así: «Madre mía, ya que mi corazón camina perturbado con los engaños de este mundo, haced que descanse sólo en Vos, y sienta aquel sosiego y alegría que experimentan vuestros siervos; y pues, nuestro amor os obligó a dejar vuestro trono y bajar a pedir que el Señor suspendiese el castigo contra el pueblo de Salta que ha decidido el presidente Milei».
A Urtubey le faltó decirle a la señora Kirchner: «Fueron mis ofensas las que os obligaron a llevar esa tobillera y es por eso que vengo, junto a Estrada, a pedir perdón por haberos infligido semejante castigo».
«¡Oh, Cristina!, asistidme con vuestra gracia, no me abandonéis y no permitais jamás que vuelva a llamaros chorra y acusaros de haberos robado hasta los ceniceros».
El candidato Ignacio Jarsún no ha querido ser menos y, entre sollozos, ha dicho: «Concededme, Madre mía, el que, cual sediento ciervo que busca las aguas, corra yo a beber de aquellas cinco fuentes [perforadas en Pichanal] que por mí derramó mi dulce Jesús en el madero santo de la Cruz, para que, atraído de las dulzuras que comunican aquellas santísimas llagas, lave yo en aquellas purísimas [y optimizadas] Aguas del Norte las muchas manchas con que he afeado mi alma».
La candidata Laura Cartuccia se ha dirigido al interventor del IPSS diciéndole arrepentida: «Vos que con tanta paciencia me habéis sufrido, y que, en vez de castigarme me habéis colmado de gracia, de luces, de recetas electrónicas y de historias clínicas digitales, cuando no tenemos conectividad».
El candidato Sergio Leavy ha enviado un mensaje al pueblo de Tartagal para decirle: «Disponed de mí como os plazca; castigadme como Vos quisierais, pero no me privéis de vuestro amor; haced después, de mí, lo que os parezca».
A la candidata María Emilia Orozco los electores le están pidiendo que pronuncie en TikTok la frase que mejor la retrata: «¡Oh, mi Jesús! ¿Cómo habéis podido sufrirme tanto tiempo? ¡Oh placeres malditos, oh periodistas malditos, yo os detesto y abomino! Vosotros me hicisteis perder la gracia del Señor».
Al final, todo esto de la campaña podría reducirse a un único eslogan que los candidatos podrían pronunciar sin necesidad de gastar fortunas en las redes sociales: «Con tu amor buscando, el amor de un pueblo».
¡Perdónalos, Señor!