Parece muy fácil pedir hacia afuera lo que no se practica adentro.
Como muchos peronistas derrotados, Sáenz quiere que Milei conforme un gobierno con los perdedores, y ahora amaga con llevar a «opositores» al gobierno provincial.
Pero si algo como eso sucede, lo primero que se pedirá al «opositor» es una muy clara profesión de fe peronista.
La idea de «unidad» que da vuelta por la cabeza de Sáenz, como la de muchos peronistas, es la de la comunión total con el ideario peronista y la «comunidad organizada». La conversión lisa y llana, la entrega de su alma; o sea, un paso y medio más acá del totalitarismo.
Sáenz no se prepara para «cohabitar» con Milei, enarbolando la diferencia como seña de identidad. Se plantea confundirse con él, como ya hizo en 2015 cuando asumió como Intendente Municipal de Salta y debió apoyarse en el presidente Mauricio Macri para puentear el mezquino aislamiento al que lo había sometido el celoso y vengativo gobernador Juan Manuel Urtubey.
Todos estos saltos copernicanos son siempre «por la patria»; nunca por intereses personales o de sector.
Por eso es que a la «patria» va tan bien.