Hace unos días, el fiscal federal Guillermo Marijuán denunciaba que 159.919 beneficiarios del plan Potenciar Trabajo viajaron fuera del país en un periodo que no se ha precisado. El señor Marijuán considera que estos viajes constituyen una “circunstancia palmariamente incompatible [sic] con el requisito de alta vulnerabilidad económica exigida por el citado Programa”.
El gobierno kirchnerista ha convertido a los viajes al extranjero en un pecado mortal, en una especie de delito de lesa patria, excepto cuando quien aborda un vuelo internacional es «del palo». Cuando salen ellos, todo está fenómeno; cuando salen los otros, no solo deben dar explicaciones de todos los colores sino que los viajeros son unos «infames traidores a la patria».
¿Por qué no revisamos los cargos de la tarjeta de crédito de la señora Cerruti cada vez que vuela a España para visitar a sus amigas podemitas? Su caso, como el de muchos otros funcionarios, es de una acusada vulnerabilidad mental.
Los argentinos viven -y no lo saben- en una especie de arresto domiciliario persistente o de asignación a su residencia por razones «patrióticas». Fuera del país habita el demonio y por eso no nos conformamos con restringir al máximo las importaciones, encarecer Netflix, renegar de la Europa monárquica y colonialista, maldecir Halloween o aborrecer el imperialismo yankee, sino que procuramos que nuestras prístinas costumbres nacionales no se contaminen con los que entran y salen del país. No vaya a ser cosa que, además de iPhones nuevos, nos traigan de afuera ideas «subversivas».
Probablemente si nuestros pobres se enteran cómo viven los de su misma condición en otros países un poco más organizados que el nuestro, cambien las tornas de la política argentina. Este es un riesgo que no se puede correr.
Que un fiscal federal se ocupe de estas cosas nos está diciendo que viajar al extranjero percibiendo una ayuda social para pobres es delito o casi delito. Si no lo es, al menos es una acción inmoral. ¿Por qué? ¿Porque el gobierno así lo ha decidido?
El mismo gobierno que se proclama campeón de los derechos humanos es el que niega a los argentinos pobres el derecho a salir libremente de su propio país y castiga su osadía presumiendo iuris et de iure que un billete de avión internacional supone que quien lo suscribe no se encuentra en situación de vulnerabilidad.
Más justicia social que esta, en ningún país del mundo.
