Enrique Cadícamo nació el 15 de julio de 1900 en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Se crió en el barrio porteño de Flores, donde comenzó a desarrollar su sensibilidad artística. Considerado uno de los máximos exponentes de la poética tanguera del siglo XX, su obra creció durante la época dorada del tango, mientras Carlos Gardel proyectaba nuestra música ciudadana en los escenarios internacionales.
Publicó sus primeros versos a los 26 años en el libro Canciones grises. Le siguieron los poemarios La luna del bajo fondo (1940) y Viento que lleva y trae (1945), la novela Café de camareras (1969) y un ensayo dedicado a su entrañable amigo El desconocido Juan Carlos Cobián —coautor de muchos tangos—, editado en 1972.
La relación entre Cadícamo y Carlos Gardel fue fundamental para la historia del tango. Se conocieron en el hall de un teatro: “Yo lo miraba como si fuera un ser de otro planeta. Me palmeó la espalda y desde ese día fuimos amigos”, recordó una vez Cadícamo. Gardel grabó 23 de sus composiciones, entre ellas "Pompas de jabón", "Muñeca brava", "Cruz de palo" y "Madame Ivonne". Esta última fue registrada poco antes de la gira que culminó trágicamente en Medellín, donde el cantor murió en un accidente aéreo en 1935 junto con su guitarrista Guillermo Barbieri.
Uno de los hitos de esta colaboración ocurrió en 1931, cuando Cadícamo —desde Barcelona, se supo después— escribió en tres horas el clásico "Anclao en París". Gardel, que se encontraba en Niza, lo grabó acompañado por Barbieri. Versos como “Tirao por la vida de errante bohemio/ Estoy, Buenos Aires, anclao en París…” condensaron para generaciones la melancolía del exilio y la evocación de la ciudad natal.
A lo largo de su carrera, Cadícamo escribió más de mil tangos y milongas, lo que motivó que fuera conocido como “el autor de los mil tangos”. Obras como "Los mareados", "Nostalgias", "Anclao en París" o "Madame Ivonne" permanecen entre los clásicos del repertorio de la música nacional.
Su estilo combinó bohemia y melancolía sin caer en el costumbrismo. A través de una mirada refinada, supo retratar el desarraigo, los desamores, la noche y la esencia de una ciudad en plena transformación. Su Buenos Aires fue el de los faroles, los cafés concert, los amores intensos y los códigos del arrabal.
Más allá de su labor como letrista, Cadícamo se destacó como novelista, poeta y ensayista. Su obra abarcó diversos géneros, pero en todos ellos gravitó su obsesión por la identidad argentina, con la Ciudad de Buenos Aires como telón de fondo y protagonista simbólica.
Falleció el 3 de diciembre de 1999, a los 99 años. Aún hoy, basta recorrer la noche porteña para encontrarse con versos melancólicos suyos como “...Nostalgias de escuchar su risa loca/ y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración…”. Tal como él mismo definió: “Éxito es andar por la calle escuchando que la gente silba un tango de uno. Esa es la mayor gloria para un autor. Aunque el que silba no sepa el nombre ni quién lo hizo”.
Fuente: argentina.gob.ar
