Así sucede, por ejemplo, con su intención de desplazarse por la «ancha avenida del medio» (como él la llama), empeño que no solo requiere de una moderación de la que el personaje carece, sino también de una apreciable y convencida distancia con los extremos.
Pero no solo eso. Berlusconi -que tiene 86 años- ha salido en la tapa de casi todos los medios importantes de Europa por su «amistad» con el presidente ruso Vladimir Putin, execrado desde los cuatro puntos cardinales de Occidente por su guerra de agresión a Ucrania y sus presiones sobre los países que dependen del gas y del petróleo rusos.
Habría que preguntarse en consecuencia si Urtubey también es solidario con Putin, como lo es su amigo Il cavaliere.
Y ya que de moderación hablamos, los esfuerzos «peronistas» de Urtubey se han visto en estos días oscurecidos por la proximidad de su primogénito, no con el ultra Javier Milei, que sería lo de menos, sino con el policía de Rosario de la Frontera, Gustavo Orozco, a quien el vástago del exgobernador parece haber señalado como «el candidato de Milei en Salta».
Recordemos que Orozco, lejos de tener un perfil «libertario» (es policía de profesión) aparece -y nadie sabe el grado de sinceridad de este enfrentamiento- como el Lex Luthor del Ministro de Seguridad Abel Cornejo. Entre los dos hay frecuentes intercambios de «gentilezas» y acusaciones cruzadas de los más variados delitos.
Así pues, la «ancha avenida del medio» (que ni es tan ancha ni tan mediana como él cree) se está convirtiendo en el camino de la amargura para Juan Manuel Urtubey.
A veces las medianías son muy difíciles de inventar. Especialmente, cuando falta sinceridad.