El hecho enjuiciado ocurrió bien temprano un día de noviembre del año pasado. A las 6.55 de la mañana (una hora que el denunciante nunca olvidará) el hombre se encontraba en la parada de colectivos ubicada en una de las esquinas más tangueras de Salta (avenida Enrique Santos Discepolo y avenida Juan D'Arienzo), cuando dos sujetos se acercaron y le preguntaron la hora.
La señora Romero Nayar impuso al condenado reglas de conducta que deberá cumplir durante dos años, tales como abstenerse de acercarse al denunciante y de ejercer cualquier acto violento en su contra, fijar domicilio y comunicar cualquier cambio, y someterse al control del programa de inserción social y supervisión de presos y liberados.
Faltó que la jueza recomendara al condenado comprarse un reloj, para no tener que andar preguntando a hora a terceros.