En aquella oportunidad, la declaración de Giménez fue escuchada por el Juez Federal n.º 1 de Salta, señor Julio Leonardo Bavio.
En ella, el que fuera jefe de inteligencia criminal de la Policía de Salta no solo se desligó de las acusaciones de narcotráfico, sino que juró que todas las intervenciones telefónicas ilegales realizadas por él y sus subordinados a dirigentes opositores (funcionarios, empresas y periodistas) eran ordenadas por el entonces Ministro de Gobierno del gobierno de Urtubey, señor Pablo Kosiner, y por el exsecretario de Seguridad, Aldo Rogelio Saravia.
Cuando Kosiner —que era la máxima autoridad de la seguridad de Salta en julio de 2011, fatídica fecha del asesinato de las turistas francesas— se enteró del contenido de la defensa del policía Giménez, salió a defender su honra, pero con el siguiente argumento:
“Son mentiras de una persona acusada de narcotráfico”. «No se puede dar crédito a lo que afirma un acusado por delitos graves cuando se está defendiendo ante los tribunales».
Desde entonces, la llamada «Doctrina Kosiner» se aplica —debería aplicarse— a cualquier detenido/acusado que se defienda en los tribunales. Las declaraciones defensivas de estos simplemente no deben ser tenidas en cuenta, porque «son delincuentes».
Ahora que si el señor Kosiner decide dar crédito —siquiera mínimo— al contenido de la declaración defensiva de su jefa política mediata, la señora Cristina Fernández de Kirchner, deberá admitir, al mismo tiempo, que es posible que don Gabriel Giménez no estuviera mintiendo cuando hace 14 años dijo lo que dijo.