Con ocasión de una huelga, el empleador no puede despedir ni imponer sanciones a los trabajadores que se han plegado a ella y se han abstenido de trabajar; salvo que la huelga hubiera sido declarada ilegal por autoridad competente.
Pretender que el simple anuncio de huelga autorice a cualquier administración pública a suspender la prestación de servicios esenciales, supone una clara renuncia sin causa a la obligación de prestarlos y una forma encubierta de plegarse a la huelga, o asegurar su efectividad.
Por tanto, la interrupción de los servicios esenciales por causa de huelga no es tanto culpa de los trabajadores que no acuden a sus puestos, como de los gobiernos y administraciones que no toman medidas para asegurar su efectiva prestación, aun en caso de huelga.
Si una autoridad puede multar a alguien por sacar la basura un día de huelga, cualquier padre o madre puede demandar a la misma autoridad por el día de clases que se le ha arrebatado a su hijo; un paciente puede demandar por no haber sido operado en la fecha prevista y cualquier trabajador que haya querido acudir a sus tareas puede demandar al Estado porque los colectivos no han funcionado.
La verdad es que es de muy mal gusto sacar la basura a la calle sabiendo (o previendo) que el camión no pasará a recogerla normalmente.
Pero las consecuencias jurídicas de sacarla un día de huelga jamás pueden ser iguales a las de hacerlo un día feriado u otro cualquiera prohibido por una ordenanza previa, general y conocida por todos.
Insisto: la huelga no suspende la obligación de los poderes públicos de hacer su trabajo. Si no pueden hacerlo normalmente, porque una fuerza mayor se los impide, lógico es que no puedan sancionar a nadie por sacar la basura, sobre todo si no han acertado a prever servicios mínimos, o a tomar medidas para que el servicio se preste efectivamente.
Uno de los argumentos que normalmente disuade a los trabajadores de la basura de acudir a la huelga es que al día siguiente van a tener que trabajar el doble, porque la basura se acumula. No es lo mismo la huelga del basurero que la huelga de una maestra, de un médico o de un cartero, que pueden reprogramar a sus alumnos, pacientes y cartas para otro día.
Lo que quiere entonces la Municipalidad, con su aviso de no sacar la basura y luego con sus multas, no es tanto cuidar el medio ambiente o el aseo de la ciudad: Es que los trabajadores acudan tranquila y alegremente la huelga, sin un mínimo sacrificio de su parte, ya que si la gente (obligada por la autoridad) no saca la basura, al día siguiente los huelguistas encontrarán la ciudad limpita, como si nada hubiera pasado, o se encontrarán con una suciedad normal, como la de un día cualquiera.
Además, aun teniendo en cuenta lo insolidario que puede llegar a ser, alguien puede sacar la basura como forma de mostrar su disconformidad con la huelga (en ese caso se trata de una protesta, algo sucia, pero legítima), o, simplemente, hacerlo calculando que al menos un camión habrá, porque no todos los trabajadores están obligados a plegarse a la huelga.
Sacar la basura en estas condiciones puede ser también una forma de apoyar la huelga, con objeto de que esta «se note más todavía». Si algo así ocurriera —aunque fuese poco higiénico e insolidario— aquel que saca la basura por solidaridad con los huelguistas no debería ser castigado jamás con una multa, salvo que una norma jurídica con rango de ley o de ordenanza, sancionada con anterioridad, permitiera hacerlo.
La huelga triunfa no solo cuando el Estado cierra sus servicios; triunfa también cuando sanciona a quienes resultan perjudicados por la interrupción de unos servicios cuya continuidad y regularidad el propio Estado debería haber garantizado.





