Pero, si es verdad que «algunos empleados» se pagaron su viaje en Uber para ir a trabajar, es porque han ocurrido dos cosas:
2) Que el trabajador que no quiso secundar la huelga y prefirió acudir a su puesto de trabajo pudo hacerlo, independientemente del hecho de que su empresa estuviera abierta o cerrada.
Supongamos entonces que un «empleado» se pagó un Uber «de su bolsillo» y se presentó a trabajar en Saeta, dispuesto a manejar el colectivo, como todos los días. O el caso del basurero que, sorteando todas las dificultades del caso, decide acudir a la planta de Agrotécnica Fueguina y ponerse detrás del volante del camión recogedor.
Aunque este «empleado» pueda ser considerado un traidor por el sindicato, está bastante claro que no pudo trabajar —aunque quería hacerlo— porque su empresa cerró y le privó de su derecho a trabajar. ¿Esto es respetar la libertad sindical?
Así funcionan las cosas en Salta. Estornuda el secretario general del sindicato docente y las maestras cierran las escuelas, anuncian presurosas que no habrá clases y piden a los padres que no envíen a los niños, impidiendo a las maestras, celadoras y ordenanzas ir a trabajar, cuando estas tienen el derecho de hacerlo.
No hay nada de extraño en que un trabajador (o un pasajero cualquiera) pague un Uber «de su bolsillo». La gran mayoría de los que va a trabajar en colectivo, también paga el boleto «de su bolsillo», como también salen «de su bolsillo» los billetes con que pagan el combustible de la moto.
46 huelgas generales en 42 años de democracia y aún no hemos aprendido nada; ni a hacer huelga, ni a no hacerla.

