Pero mucho más difícil que esto es definirse como «patriota» en una biografía autopercibida, mientras se defiende obstinadamente el liderazgo espiritual de una persona que ha sido condenada por corrupción en tres instancias judiciales sucesivas. Es decir de una persona que, probadamente, ha lesionado los intereses de «la patria».
El ataque partió del general. Los buenos militares pegan primero y en las polémicas tuiteras reaccionan sin que nadie los haya mencionado previamente.
Así fue que don César Milani se dirigó al Gobernador de Salta diciéndole cosas tan interesantes como esta:
Sáenz, sea más respetuoso y reconozca jerarquías. En todo caso, si tiene algo para decir, no lo haga lloriqueando en público, revise sus formas y métodos.
No está muy claro a qué jerarquías se refiere don César, pues Gustavo Sáenz, Gobernador en ejercicio, sin procesos judiciales abiertos, y con varias elecciones populares ganadas de forma inobjetable, disfruta de una jerarquía superior a la de la expresidenta condenada por corrupción, y, desde luego, a la que pudiera llegar a tener un milico jubilado aficionado a desfilar por los tribunales.
Al general no le ha sentado muy bien que Sáenz haya acusado de autoritarismo a la expresidenta presa. Y por esta razón ha salido a decir que la encanutada líder del kirchnerismo crepuscular «conserva más del 30 % de apoyo popular», como si hubiera que quitarse el sombrero o doblar las rodillas ante tan escalofriante apoyo.
Habría que recordarle a Milani que, aun en los Estados de Derecho más precarios del mundo, el «apoyo popular» (así sea uno del 90 %) no es suficiente para borrar las sentencias judiciales ni dejar sin efecto las condenas firmes. Así que lo de la jerarquía superior está por verse.
Pero donde Milani mete más el garfio es en su triste evocación del General Martín Miguel de Güemes, al que califica arbitrariamente de «caudillo», una etiqueta que los salteños se han encargado de desmontar prolijamente en los últimos 100 años, con la intención de hacerle justicia a un hombre que jamás empuñó las armas contra sus compatriotas en luchas intestinas.
Si lo que quería Milani era quedar bien con los salteños mientras criticaba a su Gobernador, que sepa que ha hecho un papelón un poco menos grave que el que hace años hizo en Salta el kirchnerista Carlos Zannini (entonces candidato a vicepresidente) cuando dijo aquello de que «Machaca» Güemes era la esposa del incestuoso Martín Miguel.
Sin ánimo de comparar, la «misión» de Sáenz no es «mucho más modesta» que la de Güemes, como ha dicho Milani con ánimo de herir a su contrincante.
Sáenz gobierna una provincia veinte mil veces más poblada y cien mil veces más complicada que la que le tocó en suerte gobernar a Güemes. Es verdad que el actual Gobernador de Salta no libra una guerra por la independencia, pero también lidera a unos gauchos bastante taimados y los problemas que enfrenta son de una inusitada gravedad. Milani debería saberlo y no menospreciar ni subordinar al Gobernador de Salta a jerarquías superiores que solo existen en su bullente imaginación.
Fuera de esta pequeña analogía, diré que comparar a Sáenz con Güemes es un poco menos arriesgado que comparar a César Milani —un general herbívoro— con Napoléon Bonaparte.
Las charreteras y el poncho
Bastante menos importancia tienen las pullas que general y Gobernador se prodigan sin piedad en relación con el poncho y los atributos del uniforme militar.El uniforme verde oliva no representa a la institución castrense, como tampoco la representan quienes lo vistieron o lo visten, algunos de ellos de tristísima memoria. Tal vez al general Milani no le interese repasar la lista completa de los que llevaron las mismas charreteras que él gasta.
Y si alguna duda hubiera de ello, de lo que seguramente no hay ninguna es de que el uniforme militar no es ni será jamás «un símbolo de la Nación», como pretende el general jubilado, como pretendieron en su día Videla o Galtieri. Sin dudas, es más «símbolo» la gloriosa camiseta número 10 de Messi que la gastada e inútil chaqueta de un general kirchnerista y perdedor.
Pero algo de razón tiene Milani cuando dice que «las charreteras son un símbolo de orden y disciplina dentro de las Fuerzas Armadas».
Habría que recordarle que también lo son fuera de ellas. Las «charreteras» de Milani representan, no solo el orden y la disciplina dentro del Ejército. Fuera de él simbolizan la obediencia y sumisión del poder militar al poder civil democrático.
Y quien debe respetar y honrar tal obediencia y sumisión es Milani, el disciplinado soldado retirado, no Sáenz (el Gobernador en activo), porque así lo dice la Constitución Nacional en su artículo 128.
Gobernador, bájese del pony.
— César Milani (@GeneralMilani) February 2, 2026
Usted no representa ni siquiera es la sombra del caudillo Güemes. Su misión, por el momento, es mucho más modesta, empiece por no bajarse los pantalones cada vez que el Gobierno nacional se lo pida. Eso ya sería un gran logro. Al caudillo y al poncho… https://t.co/QME29IU9v4
