Esta vez la «suprise party» ha tenido lugar en el hospital Joaquín Castellanos de la ciudad de General Güemes, a una hora y cuarto de viaje por carretera desde Salta.
En otra parte de la misma información se dice que Mangione fue al hospital güemense «para auditar el stock de medicamentos, el estado edilicio y el cumplimiento del personal». Además de cirujano infantil, parece que el ministro es experto en farmacopea, ingeniero civil y jefe de recursos humanos, entre otras competencias.
Durante la «suprise party», Mangione recorrió las instalaciones, dialogó con los pacientes para conocer sus inquietudes («¡Quiero sanar!», le dijeron algunos). También mantuvo reuniones con el equipo de salud y los trabajadores del hospital, pero al parecer, sin la presencia de los gerentes.
El ojo avizor del ministro logró «verificar» que cuatro profesionales (no se sabe de qué profesión) que habían marcado su entrada, no se encontraban en sus puestos de trabajo.
«La ley tiene que ser pareja para todos. Vamos a tomar las medidas que corresponden porque el objetivo es garantizar la atención que la gente necesita»", aseguró Mangione, reafirmando el compromiso de su cartera con el cumplimiento de las responsabilidades laborales.
En cuanto a la infraestructura, el ministro tomó nota de las necesidades edilicias y los problemas generados por las recientes lluvias. Sin embargo, dice el gobierno que el funcionario «contextualizó la situación en el marco de la realidad económica actual, planteando la necesidad de administrar los recursos estratégicamente», lo cual es una forma elegante de decir «ahora no importa que se caigan los techos encima de los pacientes. Ya los arreglaremos».
«Ante la encrucijada de decidir entre obras o medicamentos de alto costo, la decisión es clara: voy a tratar de priorizar siempre la vidas»", planteando una extraña antinomia entre el cemento portland y la amoxicilina.