El uso de la bandera a cuadros multicolor no se encuentra oficialmente regulado en la Provincia de Salta, donde es simplemente tolerado, pero no por parte del gobierno sino por los pueblos indígenas, como seña de identidad.
Sin embargo, esta tolerancia ha adquirido una dimensión jurídicamente diferente desde el año 2009, fecha en la que dicha bandera ha asumido la consideración de símbolo oficial de un Estado extranjero, conforme a lo que dispone el Artículo 6, Sección II de la Constitución de Bolivia.
Según la Wikipedia, en Chile, la bandera a cuadros es símbolo oficial de la comuna de Alto Hospicio desde 2017, y se iza junto a la bandera nacional y comunal. En Perú, desde 2022, está reconocida como símbolo de los pueblos quechuas, aymaras, uros y mestizos en la región de Puno.
Dice la enciclopedia global que, en la Argentina, su uso está permitido (que no quiere decir que esté regulado) en actos oficiales, siempre que se respete la preeminencia de la bandera nacional y las provinciales. Pero esto no sucede en la sala de reuniones del Ministerio de Salud Pública de Salta, en donde, como se puede apreciar en la fotografía, esta bandera aparece a la misma altura y destacada con la misma importancia que la Bandera Nacional y la provincial.
Sea como fuere, a la hora de buscar alianzas científicas para mejorar las prestaciones de nuestros hospitales, el ministro Federico Mangione (apellido de claro origen siciliano) ha preferido no recurrir a la medicina de Tarija, la de Cochabamba, la de Arequipa o la de Cusco, y, al contrario, ha entablado sólidas relaciones y suscrito importantes acuerdos con el Hospital Italiano y el Hospital Británico, ambos de la ciudad de Buenos Aires, y estrechamente relacionados con los países de los que toman su nombre.
La solidaridad del ministro Mangione con los pueblos indígenas de la región se puede apreciar en su decisión de expulsar a los migrantes transfronterizos de origen boliviano de los hospitales públicos de Salta. Nuestros vecinos —más si tienen aspecto indígena— son automáticamente rechazados en los hospitales de frontera, aunque lleguen a las guardias, retorcidos de dolor y envueltos en una Whiphala aymara.
