En Salta —en donde no hay dictadores para detener (al menos en ejercicio)— lo que ha salvado el desértico mes de enero es la noticia del allanamiento de una carnicería del barrio Ceferino, denunciada por vender «morcillas hechas con carne de gato».
Le he pedido a la inteligencia artificial que me ilustrara un poco sobre el tema, y quisiera compartir algunas de las cosas que este terrorífico aparato me ha dicho:
«Si bien el etiquetado incorrecto es preocupante, la presencia de carne de gato en productos alimenticios comerciales es poco frecuente y ha sido objeto de denuncias específicas, a menudo no confirmadas, investigadas por las autoridades».
Por supuesto que a las denuncias de este tipo hay que investigarlas, y, al preguntarle a la IA sobre los métodos científicos para hacerlo, me dice lo siguiente:
«Métodos de detección: Los científicos utilizan Multiplex PCR y análisis histológicos para identificar carne no declarada en los embutidos».
Yendo a la Wikipedia —justo cuando se celebra su día—, leo que el Multiplex PCR «es la reacción de cadena de la polimerasa múltiple que se emplea para amplificar varias secuencias de ADN diferentes simultáneamente (como si se realizaran muchas reacciones de PCR separadas todas juntas en una sola reacción). Este proceso amplifica ADN en las muestras que utilizan múltiples primers y una ADN polimerasa mediada por temperatura en un termociclador. El diseño de cada par de primers tiene que ser optimizado de modo que todos puedan trabajar a la misma temperatura de hibridación durante la PCR».
En otra parte leo que el análisis histológico requiere que se tome un fragmento de tejido (de morcilla, en este caso), por escisión o punción. Luego que se proceda a la fijación y procesamiento. El tejido se prepara, se endurece (inclusión, a menudo en parafina) y se corta en láminas muy finas (micras) con un micrótomo. Los cortes luego se tiñen con colorantes específicos para diferenciar estructuras celulares y tisulares. Por último, se procede a la observación microscópica para identificar las características del tejido.
Termino preguntándome: ¿Tendrán un veterinario de Salta o un especialista del hospital municipal de mascotas, no solo los conocimientos necesarios sino el equipo y la tecnología para la reacción en cadena de la polimerasa múltiple y para hacer un análisis histológico concluyente?
A la consumidora denunciante le saldría mucho más caro encargar estudios de este tipo, que tirar a la basura la morcilla sospechosa, porque ni siquiera sirve para ponerla en el desayuno de los gatos.
Si el veterinario o el experto municipal tuvieran el know how y el hardware que se precisa —permítanme esta apreciación tan contundente— los crímenes más complejos que se cometen en Salta deberían ser investigados por los especialistas del hospital municipal de mascotas, o por los veterinarios del barrio Ceferino, y no por los científicos criminólogos y forenses del Cuerpo de Investigaciones Fiscales.
Quizá la mujer que denunció a la carnicera escuchó de su veterinario algo como esto: «Hmmmm... Por el sabor dulzón de la carne de esta morcilla, juraría que se trata del Tommy, el gato barcino de la señora de Mamaní, que era diabético».
Con esta precisión científica se está arruinando la vida de una carnicera.