Dice la información oficial que personal de seguridad del edificio principal de la Ciudad Judicial advirtió la presencia sospechosa de un hombre en los pasillos (los mismos por los que circulan sus señorías).
Pensando que podría estarse llevando un voluminoso expediente de corrupción, o quizá un pollo hervido, grande fue la sorpresa de los guardias cuando dentro del bolso hallaron dos extintores de incendios, que había descolgado de las paredes.
Cabe aclarar que en Salta, dichos extintores (unos cilindros rojos de hierro que arrojan una espuma blanquecina) son llamados con el divertido nombre de «matafuegos». Aunque, tratándose de dispositivos instalados en los pasillos judiciales, deberían más bien llamarse «matafueros». No falta sin embargo quien haya propuesto cambiarles el nombre a «asesino de focos ígneos».
Al proceder a su detención, los guardias del edificio descubrieron que el pasado mes de junio el mismo hombre fue filmado por las cámaras de seguridad cometiendo otro delito de similares características, en un edificio en el que se supone que los delincuentes circulan esposados y con fuerte custodia policial y no campan a sus anchas por los pasillos, llevándose consigo lo que encuentran a su paso.
La pregunta es: Si fue filmado en junio cometiendo un delito, ¿había que esperar hasta agosto para echarle el guante?
El Fiscal Penal n.º 1 de la ciudad de Salta, señor Pablo Paz le ha imputado ahora la comisión de dos delitos de hurto (se ve que simplemente descolgó los artefactos y no tuvo necesidad de romper ningún vidrio con esos martillitos tan ridículos).
El imputado, de 36 años de edad, prestó declaración ante el Fiscal y, asistido por un defensor oficial, dio su versión sobre lo sucedido.
Resulta que Paz adivirtió que el hombre tiene un frondoso prontuario en el que sobresalen delitos contra la propiedad y también tiene antecedentes condenatorios, por lo que ha pedido al Juzgado de Garantías n.º 3 de la ciudad de Salta que acuerde su prisión provisional.