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  • El hábito no hace al monje
  • Como suele suceder en casos como este, la comparecencia ante la prensa de tres fiscales penales de Salta, después del sobrecogedor hallazgo de un cadáver, no ha dejado para nada satisfechos a aquellos comunicadores que —incapaces de investigar por sí mismos— piensan que los investigadores oficiales están a su servicio y obligados a darles la información que ellos desean.
Rivero, Ramos Ossorio y González, en rueda de prensa
Rivero, Ramos Ossorio y González, en rueda de prensa

Sin embargo, en la rueda de prensa de ayer, la insatisfacción periodística excedió por muy largas distancias los previsibles cauces del contenido de la información, para extenderse a la apariencia física de los fiscales.


Dos de ellos, los señores Pablo Rivero y Gabriel González, se sentaron a la mesa fiscal vestidos de modo informal y tocados discretamente con sendas baseball caps.

Los más atrevidos llegaron a decir que la vestimenta casual de los fiscales constituía «una imperdonable falta de respeto hacia la familia del fallecido», y los menos dijeron que el respeto se lo habían faltado a los periodistas presentes, siempre tan modositos y correctamente vestidos ellos.

En el medio de estos dos «focos ígneos» se situaron aquellos para quienes los fiscales de la gorrita transgredieron «en forma peatonal» la sacrosanta formalidad y la no menos sagrada circunspección de la magistratura salteña.

Del contenido de la rueda de prensa, tanto unos como otros, se han ocupado bastante poco; como no sea, por supuesto, para decir que los fiscales interrumpieron casi arbitrariamente su «finde largo» (el suyo de los periodistas) para comunicarles solo «detalles irrelevantes» sobre el hallazgo del fallecido.

¡Claro! ¿Qué detalle relevante pueden proporcionar unos fiscales que, sudorosos y despeinados, acababan de bajar del cerro en plena tarde de una jornada de 35 grados de calor?

Personalmente creo que el haberse puesto una gorrita era lo más respetuoso que se podía hacer en semejante contexto. Pienso que, ante un suceso de tamaña trascendencia y complejidad, los fiscales han concedido prioridad a la atención urgente de la prensa (y a la necesidad de frenar las especulaciones) que a la ducha, el peine o la corbata.

Un fiscal no es ni más ni menos «popular» por lo que lleva puesto. Lo es, en todo caso, por la forma en que aplica la ley y se desenvuelve en el marco de sus competencias. No creo de ningún modo que los fiscales —que no están en campaña electoral— se hayan falsificado a sí mismos para demostrar «cercanía» con nadie, ya que la esencia de su trabajo consiste exactamente en todo lo contrario.

Dicho esto, diré que no me parece que con su aspecto le hayan faltado el respeto a nadie. El mismísimo presidente Donald Trump utiliza gorras de baseball en sus apariciones oficiales, y nadie se escandaliza por ello. Aunque entiendo por supuesto que, para ciertas mentalidades superficiales de Salta (y superficialmente malvadas, porque para ser malos de verdad hay que ser inteligentes), sea más importante lo que el fiscal vista o calce que lo que efectivamente diga o haga.

Creo que los que han faltado el respeto a la memoria del fallecido y al dolor de su familia no son los fiscales sino los que se han centrado en detalles tan objetivamente menores como la revuelta cabellera del fiscal o la tierra que restaba brillo a sus zapatos.

Para los periodistas y no periodistas que se han ensañado con la gorrita de los fiscales, han sido Rivero y González quienes han escarbado maliciosamente en el dolor de la familia, y no la señora diputada nacional que rodó un vergonzoso vídeo camino del cerro en cuya cima fue hallado el cadáver del infortunado comisario.

Estos son los valores y la escala de prioridades de la que hacen gala ciertos comunicadores de Salta, para quienes —evidentemente— el hábito es una condición sine qua non para que exista el monje.

Esta es una regla que rige para todas las profesiones y dignidades, menos —por supuesto— para ellos, que un sábado por la tarde pueden ir vestidos a las ruedas de prensa como les dé la gana.

Donald Trump, con gorrita


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