Según su ilustre impulsor -el joven diputado salteño don Juan Esteban Romero Marcuzzi- el que te metan un tubito por los orificios es el no va más de la transparencia y la ética pública.
Es decir que, de los que toman las decisiones públicas vinculantes, no solo debemos conocer lo que llevan por fuera, sino también y muy especialmente lo que esconden por dentro; incluso dentro de sus mucosas.
Pero si de lo que se trata es de conocer el «interior profundo» de estos seres privilegiados, en vez de hurgarles la nariz para saber si han incurrido en el pecado mortal de haberse introducido por allí «sustancias ilegales», convendría meterles un tubito «down there», no para saber si tienen pólipos rectales o hemorroides internas, sino para saber si no han utilizado alguna vez esa vía de salida como canal de entrada.
Así las cosas, en el futuro las elecciones no las decidirá el voto electrónico ni el Tribunal Electoral, sino la Sociedad Salteña de Proctología. Mejor gobernará el (o la) que tenga la ampolla más limpia y tersa.
Este cambio solo requerirá un pequeño cambio de nombre: de Estado de Derecho pasaremos a llamarnos Estado de Recto, que es casi lo mismo.
